martes, 15 de septiembre de 2015

Pinceladas sobre la frustración y el fracaso: pánico que paraliza el deseo.

La mayoría de mis reflexiones sobre la infancia están ligadas a infancias desprotegidas. Por deformación profesional, experiencia vital o vete tu a saber qué tiendo a centrarme más en niños que se sienten abandonados o poco protegidos y padres que no acaban de conseguir acompañar y sostener a estos niños. Hoy quiero escribir sobre otro tipo de problema pero antes tengo que advertir algo para que no me malinterpreten. Algo obvio. De sentido común. Cualquier extremo será malo. Fin de la cita. Y digo esto porque voy a hablar de la necesidad de que el niño aprenda a frustrarse y a fracasar y ya me veo a padres diciendo que no a todo y poniendo la etiqueta de "pequeño emperador"... y no va de eso.

En la primera etapa de la vida, el bebé cree ser omnipotente. Su cerebro va desarrollándose y entiende con el tiempo que mama y él son cuerpos diferentes, que si mueve la mano o el pie modifica su entorno, que su cuerpo es parte de si mismo y el de la mama es parte del Otro... durante esta etapa es necesario que el niño crea que todo depende de él y que todo gira en torno a él. Es la forma en la que, cuando empieza a madurar, podrá explorar sin miedo. Podrá sentir curiosidad y alejarse a investigar sabiendo que al volver papa y mama seguirán ahí. Sabiendo, con la certeza absoluta que tienen los niños pequeños, que papa y mama lo protegerán si algo sucede. Esto es lo ideal, evidentemente no siempre pasa así y generalmente escribo sobre niños a los que se les ha privado de esta fase omnipotente. Pero demos un paso más.

Cuando el niño siente curiosidad y ya no es uno con la madre (ya saben, cuando digo madre quiero decir función materna) entiende que, a veces, no podrá obtener lo que desea. Esto es un aprendizaje jodido pero completamente necesario. El niño tiene que entender que la frustración forma parte de la vida y, lo más importante, que es capaz de soportarla. Y esto es algo que los padres tienen que ayudar a comprender. Porque es dificilísimo! Muchos adultos no lo entienden ni lo aceptan (y así hay tantos eternos adolescentes muertos de miedo por crecer y enfrentarse al fracaso y a la frustración).

¿Qué pasa cuando un niño no entiende y acepta que la frustración y el fracaso forman parte de la vida? ¿Qué pasa cuando un niño tiene tanto miedo a fracasar que cree que no podrá soportarlo? Estos niños crecen sin desear. Crecen sin ser capaces de imaginar. ¿Saben lo terrible que es desear algo? Desear despierta la incertidumbre. Desear viene acompañado de la posibilidad de no obtener lo que deseo. Cuando los adultos de tu infancia, los que tenían que haberte orientado para que esos miedos los elaboraras y los neutralizaras, no lo hacen sino que, en su lugar, protegen al niño de esos miedos y resuelven la frustración por ellos, no permiten que el niño haga esa elaboración por si mismo. No le permiten al niño creer que es capaz de soportar solito la frustración y el niño queda atrapado en un eterno pánico al fracaso.

Son niños que aprenden a definirse a si mismos por un rasgo externo. Por un falso yo muy débil que, en apariencia, parecería adaptativo (buenas notas, buenos resultados deportivos) pero que en su interior siguen siendo bebés omnipotentes con pánico a explorar el mundo.

Así que en algún momento habría que hacerse la pregunta ¿mi hijo tiene miedo a fracasar? ¿mi hijo siente que es capaz de soportar la frustración? o, quizás, ¿mi hijo ha dejado de pensar porque el miedo a equivocarse y a la incertidumbre lo paraliza?  Y, en este caso, ¿estoy preparado para dejarle caer? ¿confío en que tiene la capacidad de entender que no pasa nada si fracasa? ¿cómo se explica para si mismo qué significa equivocarse? y, la pregunta que, desde mi punto de vista, es más importante ¿mi hijo puede desear de dentro a fuera o solo es un espejo de lo que cree que esperan de él?

Cuanto antes se enfrenten a estar preguntas antes podrán tratar de resolver el problema que, con sus propios miedos, han trasmitido a sus hijos... y antes podrán ayudarles a encontrar su verdadero Yo y no solo un False self adaptativo... pero incapaz de desear.

sábado, 29 de agosto de 2015

El terapeuta tiene vacaciones, el "padeciente" no.

Hace unos días una compañera compartió en facebook unas reflexiones sobre el dolor del trauma infantil y como, en ocasiones, el sufrimiento y las secuelas se arrastran hasta la vida adulta. Muchas de estas personas viven como los demás. Son adaptativos y funcionales hacia fuera. Algunos de ellos no tienen esta suerte. Sentir ese sufrimiento no implica que no puedas hacer las cosas como los demás. Salir a comprar, vestirte, comentar con la vecina la lluvia de anoche… solo es difícil a veces. Solo que este a veces es muy doloroso.

Reflexionábamos acerca de las personas que rodean a estos adultos con heridas infantiles. Mi compañera escribía comparando un trauma físico con uno mental. Si de pequeño, habías tenido una enfermedad o un problema físico que te había dejado secuelas (de hecho ella hablaba de un disparo en la cabeza, un poco extremo pero resultaba un buen ejemplo de lo que quería expresar), cuando eres adulto nadie cuestiona esas secuelas. Es posible que se hagan preguntas o que se cuestione la rapidez de recuperación, el límite… pero no es habitual que se cuestione el origen. En cambio cuando el trauma ha sido psicológico, cuando el problema no ha sido físico, no visible a primera vista, aparecen los problemas. El tiempo, las recaídas, las repeticiones… no son tan normalmente aceptadas. Te enfrentas a muchos “todavía estás con eso?” o “estás así porque quieres”.

Es difícil compartir la vida con estas personas. Recuerdo en un seminario en el que hablábamos de terapia y las vacaciones de los terapeutas (sí, los psicólogos y analistas tenemos vacaciones, lo sé, terrible) y una gran profesional mencionaba la frase de una de sus pacientes, “tú ahora te vas de vacaciones y te olvidas de mi pero yo no puedo tomarme vacaciones de mi misma”.

Piénsenlo por un momento. El sufrimiento. No puedes tomarte vacaciones de ti mismo. Entonces cuando dicen eso de “estás así porque quieres, porque no pones de tu parte…” olvidan que la persona "padeciente" no puede elegir. No decides estar triste. Es cierto que hay mecanismos mentales que facilitan la repetición más allá del principio de placer, esto es más complicado y no es el tema que intento tratar (lo haré en otro momento). Pero no se siente bien. Créanme cuando les digo que la persona que sufre, si pudiese hacerlo, se tomaría unas vacaciones de sí mismo. Se alejaría de su sufrimiento y de lo que le hace sufrir a los que le rodean. Créanme cuando les digo que no es agradable sentir que las secuelas reaparecen. Como, ante determinados estímulos, reaparecen mecanismos de defensa que creías olvidados. De repente te ves a ti mismo con una vieja canción conocida en la cabeza que usabas para disociarte ante situaciones estresantes o contando las calorías de los alimentos, o posponiendo la compra del supermercado porque la ansiedad se hizo grande y no sabes muy bien como pararla hoy.

Repito, es difícil compartir la vida con estas personas, lo sé. Pero no lo eligen, no están así porque quieren. No padecen voluntariamente y no pueden irse de vacaciones.

En el escrito del facebook de mi compañera vi muchos “me gusta” incluso vi muchos "compartir". Es una idea que, a priori, parece fácil y puede gustar. Muchos pondrían me gusta a mis palabras y a las suyas. Empatía virtual. Pero cuando van pasando los días y vives las recaídas y ves los pasos atrás es fácil que olvides los pasos adelante. Compartir la vida con estas personas implica que a veces tendrás que tomarte una vacaciones para recargar pilas, para poder volver a empatizar, si quieres. Y esto es una elección que los que rodean a las personas que padecen sufrimiento pueden plantearse. Y está bien. Lo que no está tan bien es el proyectar el cansancio en ellos. Porque no va de voluntad o poner de tu parte o desearlo muy fuerte.

Supongo que ahora esperan algún consejo, alguna línea esperanzadora o alguna pauta para poder ayudar a estos pacientes. Pero, ¿saben qué? Lo único que puedo aconsejar de manera general es paciencia y, lo más importante, preguntad. Vale un, ¿qué puedo hacer por ti? o un ¿como puedo hacer que te sientas mejor? Y si no están dispuestos a escuchar o si están cansados o si están enfadados recuerden, ellos no pueden tomarse vacaciones de sí mismos.

El texto que mi compañera compartió es el siguiente:
"Si te pegan un balazo en al cabeza hay un área del cerebro que se daña, el cerebro se rompe. La extensión del daño dependerá del calibre con que se efectuó el disparo, la distancia desde la que te dispararon, el recorrido de la bala dentro del cráneo, pero habrá secuelas seguro. Algunas con mucha rehabilitación y esfuerzo se podrán recuperar aunque sea parcialmente. Se pueden desarrollar otras áreas del cerebro para compensar. Por ej. la persona puede aprender a sostener un tenedor o escribir con la mano izquierda aunque lo haga con cierta torpeza.
Pero nadie te diría 15 o 20 años después frente a las secuelas que ya pasó, que lo superes, que dejes el pasado atrás: el balazo te lo pegaron y produjo daños.
Si no recordás la situación o el haber estado en terapia intensiva o tus recuerdos son confusos nadie te diría que estás mintiendo, inventando o exagerando, todos pensarían que es producto de la situación traumática que atravesaste.
Nadie te diría que te gustó porque te paralizaste de miedo al ver el arma y no reaccionaste o porque no te diste cuenta de lo que iba a pasar.
A nadie le extrañaría que tengas miedos, inseguridades, pesadillas.
Y si contaras que te pegaron un balazo tras otro en la cabeza durante años y sobreviviste seguro se admirarían de tu fortaleza para seguir adelante y entenderían empáticamente que sigas afectado por lo ocurrido e intentarían ayudarte.
El abuso sexual infantil constituye uno de los traumas más intensos. Sus efectos se pueden comparar con un disparo en el sistema psíquico".

miércoles, 27 de mayo de 2015

Estado: melancólico. La disonancia de la tristeza.

melancolía:
(Del lat. melancholĭa, y este del gr. μελαγχολία, bilis negra).
1. f. Tristeza vaga, profunda, sosegada y permanente, nacida de causas físicas o morales, que hace que no encuentre quien la padece gusto ni diversión en nada.
2. f. Med. Monomanía en que dominan las afecciones morales tristes.
3. f. ant. Bilis negra o atrabilis.

disonancia:
(Del lat. dissonantĭa).
1. f. Sonido desagradable.
2. f. Falta de la conformidad o proporción que naturalmente debe tener algo.
3. f. Mús. Acorde no consonante.
hacer ~ algo.
1. loc. verb. Parecer extraño y fuera de razón.


Tengo la sensación de que vivimos en un mundo feliz. No hablo del libro de Huxley, que también. Hablo de la tiranía de la felicidad, del pensamiento positivo y la obligación de estar contento y sonriente siempre. Hablo de la imposición del sentirse bien aunque tu realidad no te acompañe. Últimamente leo muchas críticas a la psicología positiva, algunas muy interesantes (no dejen de leer Jot Down, "Psicología positiva: y sonreirás sobre todas las cosas") y otras, copias malas de resúmenes de libros de texto. Leo todo esto pero sigo sintiendo la presión a mi alrededor. No solo en el mundo real sino en el virtual y por supuesto en el audiovisual.

Yo a veces me siento triste. Y puedo ver cómo se llevan las manos a la cabeza. Oh! sacrilegio! vaya psicóloga que se siente triste! Pues si amigos, a veces incluso los psicólogos nos sentimos tristes. Y no por algo especial y justificable como la muerte de un ser querido o el abandono de una pareja, que sé que esto me lo permitirían, sino simplemente porque a veces te despiertas con la sensación de que el peso del mundo, esa mañana en concreto, es más pesado de la cuenta. No sabes del todo porqué pero te encantaría quedarte en la cama una semana más a ver que pasa. Pero te levantas, y haces lo que tienes que hacer o lo que te han hecho creer que tienes que hacer (ya saben, hay que ganarse la vida como premisa vital... expresión que sigo sin acabar de entender)... Seguro que saben de que estoy hablando...

Pues ahí va un secreto. Esto es normal. No solo es normal sino que resulta que es parte de ser humanos. La tristeza también es una emoción válida. No siempre te puedes sentir bien. El problema es que ahí fuera no tienen piedad con los tristes, con los que, en ocasiones, se sienten deprimidos (que es más que tristes) o melancólicos, que es la emoción de la que trata todo esto.

La tiranía de la felicidad te obliga a ir perfecta, en cuerpo y alma. Condena al diferente y aplasta al triste. Si se imaginan en alguna de esas mañanas difíciles, hagan un esfuerzo e intenten pensar en que esa mañana es habitual, que son personas que, por lo que sea (podemos ponernos a buscar los motivos pero no es el objetivo de esta entrada y además creo que no les gustaría mi teoría) sienten la melancolía en un número mayor de veces que la alegría. ¿Creen que esto es difícil? pues a eso hay que añadirle el rechazo que sufre esa emoción.

Si la melancolía pesa, añádanle el peso del mundo que nos obliga a ser felices, a sonreír por encima de todas las cosas, a sentirnos bien no mirando a quien y salir con la sonrisa porque, "ey! la vida es bonita y solo tienes una!". No niego esto pero es que a veces me siento triste y puedo entender que haya personas que se sienten muy tristes. Ahora lo llaman depresión (o "depre", que es aún peor) pero esto no es más que un cambio de nomenclatura para patologizar un estado de ánimo que, si fuésemos capaces de pensar más allá del miedo, podríamos entender que forma parte de la normalidad del ser humano.

La tristeza nos invita a pensar, nos paraliza, nos hace sentir tremendamente mal cuando es demasiado grande y dura demasiado tiempo y esto es terrible. ¿Por qué entonces en lugar de comprensión se rechaza? ¿Qué es lo que nos da tanto miedo? ¿El contagio, quizás? ¿Igual tenemos miedo que, al igual que cuando nos hablan de la muerte, la tristeza del otro pueda descubrir, conectar con una tristeza mía que llevaba tiempo evitando?

¡Ala lo que acabo de decir! Aquello de los libros de autoayuda de rodéate de gente feliz, aléjate de las personas que están tristes porque te harán sentir peor... aquello de las ideas tristes te harán más triste, no hace sino estigmatizar aún más a esas personas que realmente se sienten mal. Y recurrir a las drogas (legales o ilegales) es una solución rápida y fácil que a veces puede ayudar pero que no resuelve el problema. Porque se trata de un proceso y porque queramos o no la tristeza también nos hace humanos, también forma parte de la vida, también, a veces, es adaptativa... y hacerla mas complicada, esconderla, alejarte de las personas que se sienten realmente tristes no va a hacer que desaparezca. No va a resolver el que a veces te sientas triste y que hay personas que muchas más veces se sienten mucho más tristes.

En lugar de "salgamos a tomar algo" "alegra esa cara" o "¡es que eres un triste tío!". En lugar de usar un "me siento depre vamos a ver una película a ver si se me pasa" o "me siento triste vámonos de copas", sería un ejercicio muy interesante y, quién sabe, igual hasta útil y reconfortante, invitar a la persona que sabes que se siente triste a un abrazo, a un "siento mucho que te sientas así, ¿puedo hacer algo para ayudarte?", incluso cuando tú mismo te sientas triste intentar hacer el esfuerzo de ver de dónde viene esa sensación y, si no lo puedes hacer solo o si no te apetece investigar, pedir a alguien que te acompañe simplemente a estar, a conectar, a sentir esa emoción contigo... igual, si hablamos más de cuando nos sentimos tristes y acompañamos más a quienes se sienten realmente tristes, igual digo, la tiranía de la felicidad pierda fuerza y la imposición del positivismo no haga que el peso de la melancolía sea tan grande.

Igual, puede ser que, si dejamos un lugar para ambas emociones la disonancia de la tristeza desaparezca y pueda convivir con la alegría y haya momentos tristes y momentos alegres y ambos puedan convivir juntos. Y no tengamos que ocultar que, a veces, algunas mañanas, el peso del mundo es más pesado de la cuenta sino que podamos decir, "¿me ayudas a llevarlo?".

- ¿Qué está mal?
- No lo sé.
- ¿Cómo puedo ayudarte?
- No lo sé.







- De acuerdo. Te hice un nido. ¿Quieres venir?
-... de acuerdo.







- ¿Eso ayuda?
- Si.
- ¿Alguna vez vas a salir?
- ... no.
- De acuerdo. Espera.

jueves, 21 de mayo de 2015

Cada uno es el Yo de su propia historia: sobre la pérdida, segunda parte.

La represión es uno de los mecanismos de defensa más populares. Junto con la negación acompañan a la pérdida como si no pudiese ser de otro modo. A los que no están sufriendo no les gusta que les recuerden la fragilidad de la vida. Como dije antes, hay que hablar y hablar... y es difícil encontrar a alguien que se preste a Escuchar cuando el tema es la pérdida.

Incluso antes de que el otro censure, ya lo hacemos nosotros. Ideas típicas como lo egoísta que soy por sentirme enfadado, por sentirme dolido, por sentirme traicionado por la persona que ya no está o que acaba de enfermar o que está muy mal, hacen que censuremos las emociones asociadas. Porque no tengo derecho a enfadarme, peor está (ponga aquí el nombre de la persona que quiera)... y esto es un poco demagogia barata. Comparar tu historia con lo que debería ser o con la de otros no va a hacer que sea menos doloroso. A lo peor dejas de sentirlo un rato pero volverá, porque lo no resuelto siempre acaba por volver.

Cada uno es el YO de su propia historia. Y esto no es Ego ni egoísmo ni narcisismo. Hablo de la percepción de la realidad. El protagonista de tu propia historia eres tú. Así que has de lidiar con tu vacío, con tu duelo... y quizás entonces acompañar a otros o no, ayudar a otros o no... pero si no haces el tuyo propio ten por seguro que nadie lo hará por ti. Encontrar a alguien que te acompañe y que no censure ninguna de las cosas que pasen por tu cabeza. Encontrar a alguien que pueda contener lo que te sale del estómago. Y aceptar y sentir el dolor. Porque aparecerán, es lo jodido de la pérdida. La tristeza y la rabia siempre la acompañan.

Después, una vez que has curado el vacío, llenarlo con recuerdos y emociones nuevas que puedes, si te apetece, unir a las antiguas. Recuerdos de aquella historia que no pudo ser, recuerdos de aquella persona que te acompañó y que te enseñó como sentir emociones concretas... y aprender que eres capaz de soportar la frustración de no tener más pero que aún tienes lo que has tenido... No me gusta citar a santos pero me viene a la cabeza eso de:  "Aquellos que amamos y perdimos, ya no están donde estaban, ahora están donde estamos nosotros." San Agustín.

Aún si lo has hecho bien, habrá días que reaparecerá la tristeza o la rabia. Porque cuando una persona importa, cuando ha llenado un espacio, forma parte de ti. Te acordarás cuando pases por la calle por la que paseabas o pensarás en el día en el que solíais veros... con el tiempo será más sutil, un olor, una sensación asociada, un sonido... pero entonces ya no dolerá tanto, y posiblemente será una sonrisa tierna lo que aparezca. ¿No? Pues entonces es que no hiciste bien el duelo y aún hay cosas que no has digerido del todo, piénsalo.

Todo esto es difícil, por supuesto, como la mayoría de las cosas importantes en la vida. Lo que "sale solo" es seguir caminando sin parar. Sin mirar. Haciendo como si la vida siguiese y nada hubiese pasado. Escuchar un "no pasa nada" del otro y agarrarte fuerte a esta idea. Seguir trabajando, ocupando tu mente con todo lo que creas que llena ese vacío... siento ser yo la que tenga que decirlo pero no sirve. Lo siento. Me encantaría decir que seguir adelante y no preocuparse por la pérdida es lo mejor y lo más sano y que esto no traerá ninguna consecuencia. Pero no funcionamos así. Las perdidas significativas hay que atenderlas, acogerlas, digerirlas, hablarlas y, sobre todo, SENTIRLAS. Con todo el dolor que eso conlleva. Lo se, es jodido. Lo se, parece más sencillo dejarlo pasar... pero se repetirá si no lo colocas bien en su lugar, si no vacías la emoción como tu estómago te pide que hagas... si no lloras la pérdida.

Si no puedes solo, busca ayuda. Dentro de lo de ser seres sociales está el poder compartir y si tienes suerte de encontrar un otro que sea capaz de soportarlo contigo, adelante. Todo irá mejor así. No ahora, quizás no dentro de un semana o un mes... pero pronto... y lo recordarás cuando aparezca esa sonrisa tranquila después de un recuerdo, esa sensación de ternura que acompaña al recuerdo de la pérdida cuando no ha sido negada.

La posibilidad de llenar el vacío que solo se da cuando has sido valiente enfrentando lo jodido de una pérdida significativa... y recuerda, es un proceso, no un problema con una solución.

martes, 5 de mayo de 2015

El vacío ocupa mucho espacio: sobre la pérdida, primera parte.

¿Cómo gestionamos la pérdida? Con los niños apenas se habla de la muerte. Posiblemente por el miedo a la propia muerte, a la certeza de que esto se acaba. Escondemos el sexo y la muerte, si Freud levantara la cabeza...

¿Qué hacer ante el vacío que deja la persona que se va? No es necesario que hablemos de muerte si no queréis, la pérdida es más grande que la muerte, aunque no hay pérdida más grande que esa. Preparando un taller sobre como gestionar la pérdida y como explicarle esto a los niños me he dado cuenta de lo difícil que resulta. Y me preguntaba porqué y me encontré con una pregunta más complicada aún, ¿cómo nos explicamos los adultos la muerte?

En muchos casos se hace lo de siempre, represión. El dolor es muy doloroso. Hay que seguir adelante, haciendo, y la tristeza paraliza. Así que mejor no pararse a pensarlo, y ya ni te cuento lo de pararse a sentirlo. Rechazamos la idea, el pensamiento, apenas hablamos de la pérdida y ahí se queda. En segundo plano. Esperando su momento. Y años después sentimos la desesperanza y no tenemos ni idea de a qué viene.

Resulta que el vacío ocupa mucho espacio. Ese vacío que queda tras la pérdida no se rellena con otra cosa y porque no lo quieras ver sigue ahí, lo siento por los de "ojos que no ven..." porque el inconsciente no olvida.

¿Cual es la forma más sana de enfrentar la pérdida? Hablar... ¡sorpresa!. No, en serio, hablar y hablar y hablar. Como ya dije en alguna otra ocasión. Lo que ocurre con el hablar es que no vale hacerlo con un muñeco de peluche. A veces es terapéutico pero somos seres sociales y necesitamos un Otro que recoja nuestra emoción, la acoja y nos ayude a contenerla. Sobre todo cuando es grande. El duelo y la pérdida se resuelve compartiéndolo. El problema es el de siempre, la comunicación socialmente aceptable. Hablamos de tristeza y no está bien visto. "¡Sigue adelante! ¡No llores! Te entiendo pero la vida sigue". No, si ya sé que la vida sigue, pero es que me duele. Tendemos a negar lo que nos da miedo y por alguna parte tiene que salir. Como dice Odin Dupeyron "la gente dice muchas tonterías cuando alguien se muere: no llores, Paty no querría verte llorar, ¡pues que no se hubiera muerto, la cabrona!" Genial.

Llorar es sano y legítimo ante la pérdida. Sentir rabia también. Enfadarse porque ahora hay un vacío donde antes hubo algo grande. Una persona, una emoción, una vida compartida. Y esto requiere un tiempo para sanarse. Y duele, mucho. Pero es necesario parar a resolver la herida. Porque sino el vacío ocupará mucho lugar y será difícil poder soportar otras emociones.

Al final, como el niño pequeño que tiene miedo al ir por primera vez a la guardería, aprendes que esa persona, esa historia juntos, esa vida que antes de la pérdida tenías, sigue existiendo. Puedes recordarlo y sentirlo y los recuerdos, si has aceptado el proceso del duelo y sus emociones asociadas, serán agradables. No necesitaras hacerlo desaparecer. Será una tristeza tranquila. Una sensación a la vez triste y alegre. Porque podrás recordar a esa persona, podrás recordar esas historias y podrás sentirte agradecido por haberlo vivido. ¿Que es una putada? Por supuesto! y más cuando la pérdida es inesperada o injusta (la mayoría de las veces lo es). Pero el secreto es aprender a vivir con ello. Y el aprendizaje es doloroso y complicado. El niño de dos años lo aprende más deprisa porque sabe que mama volverá a recogerle cuando acabe la guardería y al final entenderá que mama no desaparece porque ya no esté delante... es un recurso. Si hemos aprendido esto a tiempo, la pérdida no será tan complicada de asimilar. Si no lo aprendimos y, muchos adultos no lo han aprendido, la gestión de la pérdida es más complicada. Pero se puede hacer.

Piensa y, lo que es más importante, siente la pérdida. Permítete emociones que te hacen ser vulnerable y compártelas con un Otro siempre que lo necesites. Se irá tornando soportable y se irá haciendo más pequeño ese vacío. Podrás llenarlo con recuerdos que te hagan sentir reconfortado. Si aún así tienes miedo, si no quieres enfrentarlo, no te sorprendas cuando días, meses o años después te encuentres desbordado y no entiendas porqué... el vacío de la pérdida ocupa mucho lugar.

miércoles, 29 de abril de 2015

Una idea "bonita".

"Es muy bonito eso que dices: el paciente se va con su emoción a casa y el terapeuta se queda un rato con ella para luego seguir con su vida".

Hablaba con una gran terapeuta y me resonó la palabra que usó. "Bonito". Me hizo sentir muy bien pero se quedó dando vueltas en mi cabeza. "Bonito". En cierto sentido si que es bonito lo que dije pero en mi diálogo interno pensaba que era sentido común lo que había dicho, no?. Entonces recordé aquella frase que una profesora de psicología forense de la facultad repetía casi en cada clase: "Sentido común, el menos común de todos los sentidos".

Es bonito eso que dije precisamente porque no es de sentido común, aunque en mi opinión debería serlo. La conversación iba sobre las etiquetas y como al final el paciente acaba siendo su nombre seguido de la etiqueta: "Ella es S., es TLP". Y cualquier terapeuta ya se hace una idea de quién es S. aunque nunca la hayan visto.

Estaba en una sesión clínica en la que se hablaba de un caso y la profesional nos explicaba como le costaba mucho desengancharse de la emoción de vacío que esa paciente en particular le traía a la sesión. Contaba que había veces que le resultaba difícil no verse atrapada por la desesperanza de esa chica. Y yo empaticé más con la paciente que con la terapeuta que explicaba el caso.

Me imaginé a esa chica durante una hora sentada delante de esa psicóloga hablando de sus sentimientos más jodidos. Esos que le hacían dificilísimo levantarse cada mañana y seguir con su vida. Y como después de esa hora cogía todo eso, lo guardaba en su mochila y salía por la puerta de la consulta.

Veía la escena, acompáñenme un momento en esta visualización: Chica de veinti pocos años entra en consulta, se sienta en el sofá, enfrente de ella una terapeuta con experiencia que, quizás, acababa de terminar una sesión anterior con otra persona con su historia. La terapeuta y la chica comienzan la sesión y durante una hora la carga emocional en esa sala es tremenda. Se habla de vacío, se habla de desesperanza, se habla también de cosas del día a día (no crean que la hora entera de terapia se trata una emocionabilidad alta)... ya saben, y si no lo saben vayan a terapia, se lo recomiendo. Después de esta hora la chica se levanta, coge su mochila y se la pone al hombro, se despide de la terapeuta y la puerta de la consulta se cierra.

Dos realidades: la terapeuta se sienta en el sillón y piensa, reordena, es posible que escriba alguna de las palabras claves de la sesión y es posible que se quede repensando alguna idea (imaginen la consulta llena de esas emociones, esas palabras, esas ideas que una persona ha tratado de decir en voz alta, su vida, su historia, sus palabras...). La terapeuta cierra la libreta, respira hondo y pasa al siguiente paciente. Si es el último del día saldrá de la consulta e intentará hacer su vida, sus cosas. Irá a cenar con su familia o leerá un libro en la cama antes de dormir, no lo se.

La otra cara de la moneda es esa chica. S. TLP. Cuando se cierra la puerta de la consulta camina intentando de alguna forma reordenar todo eso que ha soltado en terapia. Si ha sido una buena sesión es posible que sienta que el peso de su mochila es menor. Si ha sido una sesión dura es posible que sienta que la mochila pesa un poco más. Ella confía en que esto es bueno, recuerda que "para que la herida cure tiene que doler un poco" y en realidad se siente afortunada de poder contar con alguien que la acompañe en ese camino. S. TLP. Lleva con ella su vacío y su desesperanza. Irá a cenar con su familia o leerá un libro en la cama antes de dormir, no lo se.

Lo que si se es que S. es TLP. Y lo se porque S. me lo dijo. Porque se refería a si misma con esa etiqueta. Y también se que desde el momento en el que, a los 15 años, le pusieron esa etiqueta ella ha sido eso y solo eso. Ha pasado por muchas cosas en su vida, cosas buenas y malas, cosas que la han desbordado por completo y cosas que ha conseguido superar. Consiguió pedir ayuda y después de muchos intentos encontró a alguien en quien podía confiar. Encontró a alguien que no la llamaba S. TLP sino que se interesó por el funcionamiento concreto de ese ser humano que se sentaba enfrente suya en ese momento. Que le daba bastante igual la etiqueta que le habían puesto. Que le importaba, y así se lo hizo saber a S. su historia y como ella funcionaba. ELLA. S. Y me lo explicaba sorprendida y con un brillo precioso en su mirada.

Es verdad que la terapeuta de mi historia se quedaba con la emoción que S. le descargaba en cada sesión. Es verdad que la terapeuta de la que hablo había aprendido a no quedarse atrapada porque entonces no sería una buena terapeuta, pero también es verdad que esa terapeuta no solo veía a S. sino que se esforzaba en comprender lo que había en su funcionamiento personal. Esta terapeuta en concreto se esforzaba por no quedarse atrapada con el vacío de S. y eso es porque ella veía, sentía, entendía el vacío de S. Desde la historia de S. Y también es verdad que S. se iba a casa con su vacío y que tenía que aprender a sobrevivir con ello pero que había encontrado a alguien que la acompañaría en su camino. En SU camino, de S... puede que parezca que me repito pero es algo importante.

Así que me he dado cuenta que no es sentido común sino que es muy bonito el ser capaz de ver, sentir, quedarte con la emoción de esa persona que se sienta al otro lado de tu consulta y hacer un esfuerzo por sacártelo de encima aún sabiendo que esa persona tiene que aprender a vivir con ello.

Porque es la única forma de acompañar a ese ser humano que se sienta enfrente tuya. Y que no es su etiqueta, aunque algunos se empeñen en ello. Y que no es simplemente un síntoma, aunque a algunos ya les vaya bien creer esto. Y que no cabe en un manual ni puedes sistematizar en un guión de sesiones estándar. Porque es una persona, con su historia y su funcionamiento concreto, único, con su historia y su percepción particular de esa historia, con su forma de hacer subjetiva... y esto es dificilísimo, lo sé, mucho más difícil que atenerse a una etiqueta. Porque esto te hace implicarte y porque si te implicas luego tienes que pasar un rato tratando de no quedar atrapada por lo que esa persona te trae a consulta pero, y así es como yo entiendo esto de ser psicólogo, es la única forma de hacerlo honestamente.

Así que agradezco el adjetivo que una gran terapeuta le puso a mi idea. (Gracias R.). Bonito. Y me lo quedo. Y espero estar atenta para no darlo por sentado porque no es tan común como creía.

miércoles, 1 de abril de 2015

Digresión: sociedad funcional y adaptativa.

¿En qué momento la psicología en general convirtió al ser humano en un recurso? Entiendo que el dinero está en las empresas. Entiendo que en las empresas la psicología se entiende como "recursos humanos", es donde trabajan los psicólogos en las empresas, no? Vale. Pero, ¿cómo ocurrió que la psicología general se convirtió en recursos humanos?

La historia de la psicología me da un pista de esto. Tenemos al señor Freud sentado en su diván hablando de psicoanálisis. Tenemos un montón de burgueses con dinero y tiempo que se podían permitir pagar terapias eternas. En el otro lado teníamos a las personas que no podían pagarse esto medicadas o (y) encerradas en un psiquiátrico. Siendo muy simplistas que esto no va de una clase de historia, pasamos al conductismo y después al cognitivismo y estos dos se llevaron bien y de repente la terapia ya no tenía que durar eternamente porque en unas cuantas sesiones ya estaban curados... la melancolía pasó a llamarse depresión y con unos "trucos" (no me malinterpreten, entiendo que hay herramientas muy útiles para que la persona sea adaptativa y funcional dentro del cognitivo conductual) o (y) con psicofármacos listo! De nuevo a seguir nadando... cuan Doris en "buscando a Nemo".

Y la evolución evidente, aunque aún no alcanzo a ver el porqué más allá de luchas de poderes, de convertir al ser humano en un recurso más, de olvidar la filosofía y de cambiar al sujeto por un objeto, de necesitar adultos funcionales y adaptativos para seguir creciendo, produciendo, corriendo hacia delante sin pararse ni un momento a pensar, porque como te pares estás perdido (que no se yo a donde pretendemos llegar)... aparece todo esto de la psicología positiva y el coaching y la esencia del ser humano pasa a ser tratada como el cuerpo en un gimnasio. El lenguaje se simplifica, los "trucos" se simplifican y en lugar de intentar que cada cual entienda su esencia y encuentre su propio camino tenemos recetas que sirven para todos... y nos convertimos en el segundo país en consumo de psicofármacos. Y crecen los lectores de cartas y el tarot y la astrología.

Necesitaba vomitar todo esto. Porque ya allá por mis 15 años me daba cuenta que algo no andaba bien. Que la filosofía y el sentarse a pensar estaba mal visto, que la melancolía se convirtió en depresión y que no se habla del duelo porque la muerte, propia o ajena, significaría pensar en que esto se acaba y que quizás estemos corriendo en vano... pero es que ahora, en un mundo en el cual la moda es ver la vida de otros en veinte minutos en youtube- Donde el objetivo es tener más seguidores aunque no estés diciendo nada. Donde el vacío lo llena todo. Donde los seres humanos se han convertido en recursos humanos y la terapia psicológica un entrenamiento de gimnasio me pregunto qué está pasando y hasta dónde vamos a seguir corriendo.

Mientras tanto en un mundo paralelo aumentan los "trastornos alimentarios" en los adolescentes y cada vez más niños medicados. Los adultos necesitan drogas legales y los jóvenes drogas no tan legales para seguir nadando... En fin... que hoy estoy rara.