"Es muy bonito eso que dices: el paciente se va con su emoción a casa y el terapeuta se queda un rato con ella para luego seguir con su vida".
Hablaba con una gran terapeuta y me resonó la palabra que usó. "Bonito". Me hizo sentir muy bien pero se quedó dando vueltas en mi cabeza. "Bonito". En cierto sentido si que es bonito lo que dije pero en mi diálogo interno pensaba que era sentido común lo que había dicho, no?. Entonces recordé aquella frase que una profesora de psicología forense de la facultad repetía casi en cada clase: "Sentido común, el menos común de todos los sentidos".
Es bonito eso que dije precisamente porque no es de sentido común, aunque en mi opinión debería serlo. La conversación iba sobre las etiquetas y como al final el paciente acaba siendo su nombre seguido de la etiqueta: "Ella es S., es TLP". Y cualquier terapeuta ya se hace una idea de quién es S. aunque nunca la hayan visto.
Estaba en una sesión clínica en la que se hablaba de un caso y la profesional nos explicaba como le costaba mucho desengancharse de la emoción de vacío que esa paciente en particular le traía a la sesión. Contaba que había veces que le resultaba difícil no verse atrapada por la desesperanza de esa chica. Y yo empaticé más con la paciente que con la terapeuta que explicaba el caso.
Me imaginé a esa chica durante una hora sentada delante de esa psicóloga hablando de sus sentimientos más jodidos. Esos que le hacían dificilísimo levantarse cada mañana y seguir con su vida. Y como después de esa hora cogía todo eso, lo guardaba en su mochila y salía por la puerta de la consulta.
Veía la escena, acompáñenme un momento en esta visualización: Chica de veinti pocos años entra en consulta, se sienta en el sofá, enfrente de ella una terapeuta con experiencia que, quizás, acababa de terminar una sesión anterior con otra persona con su historia. La terapeuta y la chica comienzan la sesión y durante una hora la carga emocional en esa sala es tremenda. Se habla de vacío, se habla de desesperanza, se habla también de cosas del día a día (no crean que la hora entera de terapia se trata una emocionabilidad alta)... ya saben, y si no lo saben vayan a terapia, se lo recomiendo. Después de esta hora la chica se levanta, coge su mochila y se la pone al hombro, se despide de la terapeuta y la puerta de la consulta se cierra.
Dos realidades: la terapeuta se sienta en el sillón y piensa, reordena, es posible que escriba alguna de las palabras claves de la sesión y es posible que se quede repensando alguna idea (imaginen la consulta llena de esas emociones, esas palabras, esas ideas que una persona ha tratado de decir en voz alta, su vida, su historia, sus palabras...). La terapeuta cierra la libreta, respira hondo y pasa al siguiente paciente. Si es el último del día saldrá de la consulta e intentará hacer su vida, sus cosas. Irá a cenar con su familia o leerá un libro en la cama antes de dormir, no lo se.
La otra cara de la moneda es esa chica. S. TLP. Cuando se cierra la puerta de la consulta camina intentando de alguna forma reordenar todo eso que ha soltado en terapia. Si ha sido una buena sesión es posible que sienta que el peso de su mochila es menor. Si ha sido una sesión dura es posible que sienta que la mochila pesa un poco más. Ella confía en que esto es bueno, recuerda que "para que la herida cure tiene que doler un poco" y en realidad se siente afortunada de poder contar con alguien que la acompañe en ese camino. S. TLP. Lleva con ella su vacío y su desesperanza. Irá a cenar con su familia o leerá un libro en la cama antes de dormir, no lo se.
Lo que si se es que S. es TLP. Y lo se porque S. me lo dijo. Porque se refería a si misma con esa etiqueta. Y también se que desde el momento en el que, a los 15 años, le pusieron esa etiqueta ella ha sido eso y solo eso. Ha pasado por muchas cosas en su vida, cosas buenas y malas, cosas que la han desbordado por completo y cosas que ha conseguido superar. Consiguió pedir ayuda y después de muchos intentos encontró a alguien en quien podía confiar. Encontró a alguien que no la llamaba S. TLP sino que se interesó por el funcionamiento concreto de ese ser humano que se sentaba enfrente suya en ese momento. Que le daba bastante igual la etiqueta que le habían puesto. Que le importaba, y así se lo hizo saber a S. su historia y como ella funcionaba. ELLA. S. Y me lo explicaba sorprendida y con un brillo precioso en su mirada.
Es verdad que la terapeuta de mi historia se quedaba con la emoción que S. le descargaba en cada sesión. Es verdad que la terapeuta de la que hablo había aprendido a no quedarse atrapada porque entonces no sería una buena terapeuta, pero también es verdad que esa terapeuta no solo veía a S. sino que se esforzaba en comprender lo que había en su funcionamiento personal. Esta terapeuta en concreto se esforzaba por no quedarse atrapada con el vacío de S. y eso es porque ella veía, sentía, entendía el vacío de S. Desde la historia de S. Y también es verdad que S. se iba a casa con su vacío y que tenía que aprender a sobrevivir con ello pero que había encontrado a alguien que la acompañaría en su camino. En SU camino, de S... puede que parezca que me repito pero es algo importante.
Así que me he dado cuenta que no es sentido común sino que es muy bonito el ser capaz de ver, sentir, quedarte con la emoción de esa persona que se sienta al otro lado de tu consulta y hacer un esfuerzo por sacártelo de encima aún sabiendo que esa persona tiene que aprender a vivir con ello.
Porque es la única forma de acompañar a ese ser humano que se sienta enfrente tuya. Y que no es su etiqueta, aunque algunos se empeñen en ello. Y que no es simplemente un síntoma, aunque a algunos ya les vaya bien creer esto. Y que no cabe en un manual ni puedes sistematizar en un guión de sesiones estándar. Porque es una persona, con su historia y su funcionamiento concreto, único, con su historia y su percepción particular de esa historia, con su forma de hacer subjetiva... y esto es dificilísimo, lo sé, mucho más difícil que atenerse a una etiqueta. Porque esto te hace implicarte y porque si te implicas luego tienes que pasar un rato tratando de no quedar atrapada por lo que esa persona te trae a consulta pero, y así es como yo entiendo esto de ser psicólogo, es la única forma de hacerlo honestamente.
Así que agradezco el adjetivo que una gran terapeuta le puso a mi idea. (Gracias R.). Bonito. Y me lo quedo. Y espero estar atenta para no darlo por sentado porque no es tan común como creía.
Muy interesante Naza.. Por un momento mi mente se ha trasladado a aquella consulta que tuve que frecuentar durante un largo tiempo.. En la percepción del paciente (Yo) y en mi caso concreto, quizás inequívocamente, sentimos que la empatía del terapeuta es inexistente, pero puede que fueran tácticas del mismo, estoy pez en eso.. Tú post ahora me deja en la duda ;o) Aún así, fue una gran ayuda en mi vida.. Besos!! ( No me atrevía a comentar, pero alá, ahí queda ) Fdo. Silvia
ResponderEliminarMuchas gracias por comentar Silvia!! Es exactamente eso lo que quería decir con esta entrada. A veces hay terapeutas que se olvidan que lo que tienen delante es una persona pero algunos si que empatizan aunque sepan que luego es el paciente el que se va con su historia en su mochila. Yo creo que si no ves a la persona que se sienta enfrente tuya no sirve, ya sabes como entiendo yo la terapia. Si en tu caso fue de gran ayuda (aunque no vieses su empatía) posiblemente de alguna manera si que consiguió verte.
EliminarMuchos besos para ti, me alegra mucho "verte" por aquí.