martes, 5 de mayo de 2015

El vacío ocupa mucho espacio: sobre la pérdida, primera parte.

¿Cómo gestionamos la pérdida? Con los niños apenas se habla de la muerte. Posiblemente por el miedo a la propia muerte, a la certeza de que esto se acaba. Escondemos el sexo y la muerte, si Freud levantara la cabeza...

¿Qué hacer ante el vacío que deja la persona que se va? No es necesario que hablemos de muerte si no queréis, la pérdida es más grande que la muerte, aunque no hay pérdida más grande que esa. Preparando un taller sobre como gestionar la pérdida y como explicarle esto a los niños me he dado cuenta de lo difícil que resulta. Y me preguntaba porqué y me encontré con una pregunta más complicada aún, ¿cómo nos explicamos los adultos la muerte?

En muchos casos se hace lo de siempre, represión. El dolor es muy doloroso. Hay que seguir adelante, haciendo, y la tristeza paraliza. Así que mejor no pararse a pensarlo, y ya ni te cuento lo de pararse a sentirlo. Rechazamos la idea, el pensamiento, apenas hablamos de la pérdida y ahí se queda. En segundo plano. Esperando su momento. Y años después sentimos la desesperanza y no tenemos ni idea de a qué viene.

Resulta que el vacío ocupa mucho espacio. Ese vacío que queda tras la pérdida no se rellena con otra cosa y porque no lo quieras ver sigue ahí, lo siento por los de "ojos que no ven..." porque el inconsciente no olvida.

¿Cual es la forma más sana de enfrentar la pérdida? Hablar... ¡sorpresa!. No, en serio, hablar y hablar y hablar. Como ya dije en alguna otra ocasión. Lo que ocurre con el hablar es que no vale hacerlo con un muñeco de peluche. A veces es terapéutico pero somos seres sociales y necesitamos un Otro que recoja nuestra emoción, la acoja y nos ayude a contenerla. Sobre todo cuando es grande. El duelo y la pérdida se resuelve compartiéndolo. El problema es el de siempre, la comunicación socialmente aceptable. Hablamos de tristeza y no está bien visto. "¡Sigue adelante! ¡No llores! Te entiendo pero la vida sigue". No, si ya sé que la vida sigue, pero es que me duele. Tendemos a negar lo que nos da miedo y por alguna parte tiene que salir. Como dice Odin Dupeyron "la gente dice muchas tonterías cuando alguien se muere: no llores, Paty no querría verte llorar, ¡pues que no se hubiera muerto, la cabrona!" Genial.

Llorar es sano y legítimo ante la pérdida. Sentir rabia también. Enfadarse porque ahora hay un vacío donde antes hubo algo grande. Una persona, una emoción, una vida compartida. Y esto requiere un tiempo para sanarse. Y duele, mucho. Pero es necesario parar a resolver la herida. Porque sino el vacío ocupará mucho lugar y será difícil poder soportar otras emociones.

Al final, como el niño pequeño que tiene miedo al ir por primera vez a la guardería, aprendes que esa persona, esa historia juntos, esa vida que antes de la pérdida tenías, sigue existiendo. Puedes recordarlo y sentirlo y los recuerdos, si has aceptado el proceso del duelo y sus emociones asociadas, serán agradables. No necesitaras hacerlo desaparecer. Será una tristeza tranquila. Una sensación a la vez triste y alegre. Porque podrás recordar a esa persona, podrás recordar esas historias y podrás sentirte agradecido por haberlo vivido. ¿Que es una putada? Por supuesto! y más cuando la pérdida es inesperada o injusta (la mayoría de las veces lo es). Pero el secreto es aprender a vivir con ello. Y el aprendizaje es doloroso y complicado. El niño de dos años lo aprende más deprisa porque sabe que mama volverá a recogerle cuando acabe la guardería y al final entenderá que mama no desaparece porque ya no esté delante... es un recurso. Si hemos aprendido esto a tiempo, la pérdida no será tan complicada de asimilar. Si no lo aprendimos y, muchos adultos no lo han aprendido, la gestión de la pérdida es más complicada. Pero se puede hacer.

Piensa y, lo que es más importante, siente la pérdida. Permítete emociones que te hacen ser vulnerable y compártelas con un Otro siempre que lo necesites. Se irá tornando soportable y se irá haciendo más pequeño ese vacío. Podrás llenarlo con recuerdos que te hagan sentir reconfortado. Si aún así tienes miedo, si no quieres enfrentarlo, no te sorprendas cuando días, meses o años después te encuentres desbordado y no entiendas porqué... el vacío de la pérdida ocupa mucho lugar.

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