Hace unos días una compañera compartió en facebook unas reflexiones sobre el dolor del trauma infantil y como, en ocasiones, el sufrimiento y las secuelas se arrastran hasta la vida adulta. Muchas de estas personas viven como los demás. Son adaptativos y funcionales hacia fuera. Algunos de ellos no tienen esta suerte. Sentir ese sufrimiento no implica que no puedas hacer las cosas como los demás. Salir a comprar, vestirte, comentar con la vecina la lluvia de anoche… solo es difícil a veces. Solo que este a veces es muy doloroso.
Reflexionábamos acerca de las personas que rodean a estos adultos con heridas infantiles. Mi compañera escribía comparando un trauma físico con uno mental. Si de pequeño, habías tenido una enfermedad o un problema físico que te había dejado secuelas (de hecho ella hablaba de un disparo en la cabeza, un poco extremo pero resultaba un buen ejemplo de lo que quería expresar), cuando eres adulto nadie cuestiona esas secuelas. Es posible que se hagan preguntas o que se cuestione la rapidez de recuperación, el límite… pero no es habitual que se cuestione el origen. En cambio cuando el trauma ha sido psicológico, cuando el problema no ha sido físico, no visible a primera vista, aparecen los problemas. El tiempo, las recaídas, las repeticiones… no son tan normalmente aceptadas. Te enfrentas a muchos “todavía estás con eso?” o “estás así porque quieres”.
Es difícil compartir la vida con estas personas. Recuerdo en un seminario en el que hablábamos de terapia y las vacaciones de los terapeutas (sí, los psicólogos y analistas tenemos vacaciones, lo sé, terrible) y una gran profesional mencionaba la frase de una de sus pacientes, “tú ahora te vas de vacaciones y te olvidas de mi pero yo no puedo tomarme vacaciones de mi misma”.
Piénsenlo por un momento. El sufrimiento. No puedes tomarte vacaciones de ti mismo. Entonces cuando dicen eso de “estás así porque quieres, porque no pones de tu parte…” olvidan que la persona "padeciente" no puede elegir. No decides estar triste. Es cierto que hay mecanismos mentales que facilitan la repetición más allá del principio de placer, esto es más complicado y no es el tema que intento tratar (lo haré en otro momento). Pero no se siente bien. Créanme cuando les digo que la persona que sufre, si pudiese hacerlo, se tomaría unas vacaciones de sí mismo. Se alejaría de su sufrimiento y de lo que le hace sufrir a los que le rodean. Créanme cuando les digo que no es agradable sentir que las secuelas reaparecen. Como, ante determinados estímulos, reaparecen mecanismos de defensa que creías olvidados. De repente te ves a ti mismo con una vieja canción conocida en la cabeza que usabas para disociarte ante situaciones estresantes o contando las calorías de los alimentos, o posponiendo la compra del supermercado porque la ansiedad se hizo grande y no sabes muy bien como pararla hoy.
Repito, es difícil compartir la vida con estas personas, lo sé. Pero no lo eligen, no están así porque quieren. No padecen voluntariamente y no pueden irse de vacaciones.
En el escrito del facebook de mi compañera vi muchos “me gusta” incluso vi muchos "compartir". Es una idea que, a priori, parece fácil y puede gustar. Muchos pondrían me gusta a mis palabras y a las suyas. Empatía virtual. Pero cuando van pasando los días y vives las recaídas y ves los pasos atrás es fácil que olvides los pasos adelante. Compartir la vida con estas personas implica que a veces tendrás que tomarte una vacaciones para recargar pilas, para poder volver a empatizar, si quieres. Y esto es una elección que los que rodean a las personas que padecen sufrimiento pueden plantearse. Y está bien. Lo que no está tan bien es el proyectar el cansancio en ellos. Porque no va de voluntad o poner de tu parte o desearlo muy fuerte.
Supongo que ahora esperan algún consejo, alguna línea esperanzadora o alguna pauta para poder ayudar a estos pacientes. Pero, ¿saben qué? Lo único que puedo aconsejar de manera general es paciencia y, lo más importante, preguntad. Vale un, ¿qué puedo hacer por ti? o un ¿como puedo hacer que te sientas mejor? Y si no están dispuestos a escuchar o si están cansados o si están enfadados recuerden, ellos no pueden tomarse vacaciones de sí mismos.
El texto que mi compañera compartió es el siguiente:
"Si te pegan un balazo en al cabeza hay un área del cerebro que se daña, el cerebro se rompe. La extensión del daño dependerá del calibre con que se efectuó el disparo, la distancia desde la que te dispararon, el recorrido de la bala dentro del cráneo, pero habrá secuelas seguro. Algunas con mucha rehabilitación y esfuerzo se podrán recuperar aunque sea parcialmente. Se pueden desarrollar otras áreas del cerebro para compensar. Por ej. la persona puede aprender a sostener un tenedor o escribir con la mano izquierda aunque lo haga con cierta torpeza.
Pero nadie te diría 15 o 20 años después frente a las secuelas que ya pasó, que lo superes, que dejes el pasado atrás: el balazo te lo pegaron y produjo daños.
Si no recordás la situación o el haber estado en terapia intensiva o tus recuerdos son confusos nadie te diría que estás mintiendo, inventando o exagerando, todos pensarían que es producto de la situación traumática que atravesaste.
Nadie te diría que te gustó porque te paralizaste de miedo al ver el arma y no reaccionaste o porque no te diste cuenta de lo que iba a pasar.
A nadie le extrañaría que tengas miedos, inseguridades, pesadillas.
Y si contaras que te pegaron un balazo tras otro en la cabeza durante años y sobreviviste seguro se admirarían de tu fortaleza para seguir adelante y entenderían empáticamente que sigas afectado por lo ocurrido e intentarían ayudarte.
El abuso sexual infantil constituye uno de los traumas más intensos. Sus efectos se pueden comparar con un disparo en el sistema psíquico".
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