jueves, 29 de junio de 2023

Poder

"Ellos no saben que lo necesitan por eso tenemos que explicarles que existe"


Y así justifica una gran empresa que se dice humanista el porqué perseguir a las personas para que hagan algo que, en realidad, tú (como un tú genérico que tiene más que ver con la identificación a la empresa de sus empleados más leales que con un tú de sujeto) quieres que hagan para conseguir llegar a unos números que otros, más arriba (como concepto capitalista que habla de la abstracción del poder llamado “ellos”), dicen que tienes que conseguir para obtener a final de mes un sueldo con el que comprar tu vida dentro de una realidad con la cual te conformas. 


Una naturalización de la realidad algo perversa. Puesto que la llamada está a la altura de un comercial que vende un producto solo que, en esta ocasión, lo que hay detrás del producto son personas (o “beneficiarios” según el lenguaje de la misma empresa). 


¿Qué es lo que resulta tan incómodo? 


La posición de objeto en el cual colocas al otro y el producto que vendes. Cuanto más se acerca a algo que tiene que ver con un sujeto (¿y qué no tiene que ver con un sujeto?) más se tambalea Uno. Es una trampa redonda. 


Y uno podría hablar de ética pero después se da la vuelta para observar cómo algunos sujetos quieren etiquetas, recetas y pautas que solucionen su vida sin tener que hacer ningún esfuerzo, sin ponerse en juego, sin, en definitiva, responsabilizarse de nada... respondiendo bien a ese imperativo del goza disfrazado de un “nosotros tenemos lo que usted necesita”. ¿El capitalismo? Bien, gracias. 


El lugar de poder es algo que uno pone en el otro. No se tiene el poder. Se da, se autoriza, se con/cede. A veces posicionamos en el lugar de poder a otros, lo creemos como verdad y encontramos argumentos para sostenerlo así pero, ¿cómo se han construido esas ideas? ¿de qué manera se posiciona uno cuando es el otro el que “tiene” el poder?


Un lugar común es el silencio. Lugar que parece resultar cómodo a algunas mujeres y que otras utilizan como disfraz que a ratos incomoda, a ratos gozan pero siempre desde el posicionamiento de objeto. Objeto en el constructo del poder. Si el otro me puede, el sujeto es el otro. ¿Cómo voy a sujetarme?


Asumir la posición de sujeto pasa por tomar la palabra para hacerse cargo de ella. Por ser ese niño que grita “el emperador va desnudo”, si uno quiere o por incomodar un poco cuan bufón de la corte. Cuando uno es capaz de hacerse cargo de su propia posición se rompe ese Tener poder para pasar a algo que tiene más que ver con el autorizar, o no, a un otro. Pero el que lo autoriza es un sujeto, a otro sujeto. Mitad víctimas, mitad culpables, como todos. 


Además añadimos que si ese otro del poder tiene alguna coordenada, por casualidad o por audacia, del propio fantasma, todas las fichas encajan en un juego en el cual, sin duda, saldrá perdiendo algo de uno… que probablemente tomará la forma de angustia. 


Seamos un poco más como el bufón!


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