Hace unos días escuchaba una conversación entre dos compañeros de trabajo a la vuelta de las vacaciones. Uno de ellos decía que le estaba siendo muy difícil la vuelta y que, imaginaba, esto se debía a que no le gustaba su trabajo, dando por hecho que si le gustase su trabajo le sería más fácil volver. A lo que su compañero contestaba que a él si le gustaba su trabajo, pero que le estaba siendo igual de difícil volver de las vacaciones.
Esta conversación me hizo pensar en qué se entiende por “gustarte tu trabajo” y cómo se pueden confundir las cosas si pensamos este gustar desde la perspectiva del deseo. No sé si es posible que te guste tu trabajo. Me pregunto si ese chico estaría haciendo lo que hace si no fuese por el sueldo a final de mes que le permite sobrevivir en una sociedad capitalista donde el producto, ese chico, tiene que producir sin parar.
La historia es que ese chico trabajaba en un lugar, haciendo algo que no le gustaba y, años después, se “reinventó”, acabó otra carrera y actualmente se dedica a algo relacionado con esta nueva carrera. Claro, le gusta más que lo que hacía antes, pero, ¿le gusta? Trabaja para otro en un lugar donde las dinámicas se establecen en función de un sistema con el cual no está de acuerdo. Tiene que levantarse temprano y trabajar ocho horas todos los días. Quizás hay ratos en los que le divierte lo que hace, pero la mayor parte del tiempo tiene que hacer tareas burocráticas para que el sistema siga funcionando.
Me parece que el “me gusta mi trabajo” que algunas personas recitan sin pararse a pensar lo que eso significa, tiene más de ficción que de verdad (como toda verdad, por otra parte). Y pensaba que un “me gusta mi trabajo” estaría más cerca si no hubiese tanta diferencia en cuanto al periodo de vacaciones.
Otra chica explicaba que ella en vacaciones pasaba horas leyendo y escribiendo sobre temas relacionados con su trabajo, por placer. Que le gustaba lo que hacía y que, si bien había algo alrededor de los horarios que le causaba molestia, la mayor parte del tiempo estaba bien en su trabajo y no era tan diferente esa sensación con el tiempo en el que estaba de vacaciones. Que ambos momentos podían ser igual de buenos para ella ya que no los comparaba como periodos separados sino como una continuidad que tenía que ver con hacerse cargo del lugar donde se iba situando en su vida. Que se hacía cargo de vivir en una sociedad en la cual el dinero era algo que necesitaba para sobrevivir y que si podía dedicar su tiempo a hacer lo que le gustaba le parecía justo recibir a cambio lo que esa sociedad impone como medio de subsistencia.
Esta chica no existe. Me la he inventado. Es más un deseo de que exista alguien así. Pero estaría bien dejar de engañarse con un “me gusta mi trabajo” porque confunde bastante el deseo y nos convierte en buenos agentes productores del sistema… y claro, así las ruedas del capitalismo siguen girando!
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