lunes, 31 de octubre de 2022

Histeria corta

El basurero donde van las emociones diarias. Me desperté con esa idea en la cabeza y quise pasarla a los dedos. Así que me senté a escribir.

Un lugar donde van todos esos afectos que nos pasan y a veces sobrepasan, pero que no se hace nada con ellos más que dejarlos hacer marca en el cuerpo. Porque queramos o no, lo que sentimos nos hace marca en el cuerpo. Pregúntenle a un anciano y, si es algo lúcido, te podrá decir dónde le ha dolido cada uno de los episodios de la narración de su vida. 

Las historias marcan la carne. Era una de esas mañanas en las que habría sido mejor no haberse levantado de la cama. Y así hice, no me levanté de la cama. Siendo de noche de nuevo sentí cada músculo del cuerpo punzar, recordando que el soporte tiene que ser cuidado. Entonces tuve esa idea de que cuando te duelen las palabras, cuando la narración de la vida pesa, sufre el cuerpo. 

Lo que quiero decir es que hay mañanas en las que todas esas cosas que no van bien se te cruzan al mismo tiempo. Quizás tras una mala noche, quizás tras una difícil semana, quizás tras una sociedad capitalista que te convierte en objeto de consumo sin que sepas muy bien cómo tomarte el tiempo para sujetarte. O quizás se te han acabado las historias que contarte y la lucidez se va más del lado de lucifer que no de la luz. Eso son palabras. Y esas palabras afectan al cuerpo. Y ese cuerpo se queja. 

¿Es el cuerpo el basurero donde van las emociones diarias?


Y de postre: ¿alguna vez te has descubierto hablando contigo mismo, llamándote por tu nombre? “mira que eres tonta, (ponga aquí su nombre)”. Tenemos el cuerpo que se queja, el nombre por el que nos llamamos y la voz con la que nos narramos. Todo el mundo está en su mundo, y ya es bastante complicado. ¡Lo sorprendente es que nos encontremos.


jueves, 24 de marzo de 2022

Je, Moi, Tu

Lengua(je),(Legua(moi)) y Litera(tu)ra.


Primero hay un continuo que se recorta en el espejo, después ese continuo se lee a través del recorte. 

Todo indiferenciado, se recorta un Uno, se lee ese Todo a través del Uno - TU.


Lenguaje (universal) como la capacidad de comunicarse a través de sonidos u otros sistemas de signos. 

Lengua (social) como conjunto de signos usados para comunicarse.

Habla (individual) como acto de comunicación. 

El lenguaje mediante la lengua se habla. 


Se habla por el lenguaje la lengua.

Se individual por lo universal lo social.


Por el lenguaje con el habla se hace la lengua.

¿Por lo universal con lo individual se hace lo social?. 


Y un resto. 

Singular. Sinlugar.


Lengua como órgano muscular que sirve para deglutir y hacer sonidos.

Lenguaje como capacidad fisiológica de hacer servir la lengua. 

Sopa de letras.


Palabra.

Palabra como la unidad significativa de la lengua

Unidad lingüística, lingüística como ciencia del lenguaje.

Representación gráfica de los sonidos del habla.

 

Literatura.

Arte de la expresión de la palabra.

Sin resto.

Sin singular. Con lugar.


Y luego está Joyce, está Leiris… Y la lituraterra.




miércoles, 30 de diciembre de 2020

Ceder no es consentir.


Se puede leer como toda forma de causalidad implica al sujeto y confundir la elección con el consentimiento. Lacan hablaba de “la insondable decisión del ser”. ¿Una decisión insondable implica consentimiento? ¿Existe diferencia entre consentir y someterse? ¿Uno puede consentir si en esa elección se juega ceder(se)?


Empezando por el principio, ya que quiero hablar de trauma, iré saltando de Lacan a Freud. Cuando hablamos de trauma, lo que está en juego es que para el ser humano no hay un objeto que satisfaga la pulsión. En los animales encontramos la necesidad saciada con un objeto prefijado (el león, por mucha hambre que tenga, no irá a comer hierba…). En cambio en el ser humano esto se complica y por eso en lugar de necesidad, Freud habla de pulsión. Que por ahora vamos a pensar como un empuje en el cuerpo que exige una satisfacción.


El encuentro con la satisfacción sexual es un mal encuentro donde se juega un “excedente de sexualidad” del cual el sujeto se defiende. Debido a que no hay relación sexual, es decir, hay una falta, el encuentro con la sexualidad siempre implica un excedente, un demasiado, constatándose una desproporción entre la causa y el efecto. No hay un para todos, el sujeto tiene que inventar su relación y situarse en ella.


Siguiendo la etiología freudiana, en “Causa y consentimiento”, Miller hace un esquema de la doble causa, hablando del estatuto del trauma: la primera causa es el trauma sexual que determina una fijación. El primer encuentro con la satisfacción sexual tiene lugar con un excedente, con un plus (a) y lo que se fija es un significante (S1) a ese excedente al cual el sujeto aún no da sentido.


La segunda causa es el despertar del recuerdo de ese trauma, que determina una represión. Aquí es donde tiene lugar la interpretación, la aparición de un sentido a posteriori: se pone en juego el sujeto del sentido ($).


Finalmente el síntoma como el retorno de lo reprimido.


¿Cómo articular las dos causas?


En la primera causa: la teoría sexual, las pulsiones, una inercia (la fijación), a

y

en la segunda causa: la interpretación, el inconsciente, un desplazamiento (la represión), $


La represión viene de la interpretación de la primera causa, es un hecho de sentido. En un segundo tiempo del primer encuentro con el excedente de sexualidad, efecto de un no hay relación sexual, es decir, “no tengo lo que hace falta para hacer existir la relación con el otro”, el sujeto aparece como una invención propia que llena de sentido ese agujero, “el sujeto está implicado en la relación de causalidad, a título de sujeto del sentido”. Se inscribe como una defensa del excedente de sexualidad, ante esa pulsión que nunca se satisface.


Pero entonces, ¿qué es el retorno de lo reprimido? ¿y qué lugar para la primera causa?


El significado reprimido hace retornar un significante, causa el retorno de lo reprimido en forma de síntoma. Es decir, que lo primordial no es el sentido sino el significante, que es lo que retorna. El síntoma sería aquí algo de lo que se goza, que satisface, algo que vino al lugar de ese exceso y que, pasado por la máquina de significado, retorna en forma de síntoma.


Por lo tanto no estamos ante el trauma como la interpretación que el sujeto da a lo vivido, la historización, sino como lo que fue escuchado antes de que tuviese un sentido. El significante que vino al lugar de ese excedente de sexualidad que más tarde va a envolverse de sentido pero que, a priori, no lo tuvo. “Podemos hablar del trauma como un significante enigmático”.


El trauma como el encuentro del sujeto con un goce que lo excede para el que no tiene palabras que quedará enganchado a un significante sin sentido. Por lo tanto, el trauma sería el agujero ante el cual el sujeto queda desamparado y del que se defiende, en un segundo tiempo construyendo una historia, un relato, con las coordenadas de su fantasma, para dar sentido a ese exceso, para taponar el agujero.


¿Qué ocurre cuando ese encuentro se da en un contexto de abuso?


Ante el primer encuentro con la satisfacción sexual excesiva, con el goce desenfrenado, ausente de sentido, uno da sentido a posteriori. Es una primera vez que puede leerse como un ataque. Freud habla del encuentro con ese primer goce, que es estructural, y que se da de forma precoz.


Pues bien, cuando el primer encuentro sexual se da en el contexto de un abuso, hay un doble ataque. Ese goce excesivo estructural, esa realidad difícilmente asimilable, se da en un sujeto que queda sin una ficción en la que sostenerse. ¿Cómo hablar de consentimiento?


Se encuentra el exceso estructural del goce y, a la vez, un ataque en el cual queda como objeto de la satisfacción del otro. El espacio para pensar, elegir, decidir se ve muy reducido, enfrentarse a ese goce del otro, en un primer encuentro con el goce propio, hace difícil poder bordear ese real. Algo de la posibilidad de la fantasía se rompe, haciendo difícil construir un marco simbólico, ya de por sí difícil de construir alrededor de la sexualidad.


Jacques Alain Miller, en “una introducción a la lectura del seminario VI”, indica: “ este punto de pánico del sujeto (...) es como si se borrara: es el punto donde ya no puede decir nada de sí mismo, donde es reducido al silencio”. El sujeto se desvanece en el lugar de objeto de goce del otro. Si el Otro está en el lugar de gozar del sujeto, evoca un sentimiento de angustia fundamental, el Hilflosigkeit de Freud, un estado de desamparo donde el sujeto se borra.


Lacan dice que para que haya sujeto hablante, ha de haber una relación con el deseo. ¿Qué lugar para el deseo en un abuso sexual donde lo que hay es solo goce, sin palabras? “Il y a éviction du langage. C’est précisément le rapport à la parole que l’attentat sexuel vient pulvériser. Le mot attentat est bien trouvé car il y a un temps d’explosion, de destruction subjective”, escribe Solenne Albert1. Ya no se trata del malentendido inherente al ser hablante o de los embrollos del deseo del no hay relación sexual. Nos encontramos ante la definición misma de trauma, para lo que no hay palabra donde el sujeto queda sin recursos.


Esto explica el silencio ante un ataque sexual en la infancia y porqué no se puede hablar de consentimiento ante el acto de someterse, de ceder. Que uno ceda no significa que uno consienta. “Sait-on exactement à quoi on consent lorsqu’on consent par amour à se faire l’objet du désir d’un autre?”, se pregunta C. Leguil2”. Ceder no es consentir. En el ceder el sujeto se desvanece ante el goce del otro y el goce propio quedando borrado. Algo del cuerpo cede dejando al sujeto sin posibilidad de consentir.


Ante un ataque sexual, ese a posteriori de sentido es complicado de construir. Yohann Allouche en su escrito “absolu de l’inceste3” da algunas coordenadas de este silencio, “le saccage sans répit de la dignité du sujet peut l’amener à croire qu’il ne vaut rien et que tel est son destin. La honte peut entraver la parole. La peur – de mourir ou de faire mourir le parent – peut conduire à ne dire mot. À quel moment un sujet décide-t-il de se séparer de cette jouissance?”. Someterse a un abuso no quiere decir consentir cuando para el sujeto no existe la posibilidad de imaginar un mundo diferente del que conoce, la vergüenza y el miedo obstaculizan el habla, el miedo a que su mundo, por caótico que sea, se derrumbe.


La inhibición y la ansiedad son algunos de los efectos de la ruptura del goce a la que el abuso sexual expone a un sujeto. La experiencia traumática retorna de diferentes formas cuando el sujeto se encuentra ante alguna situación que pudiera acercarle a esta experiencia de goce.


Un análisis sirve para ubicar algo de ese exceso de goce propio de cada sujeto, y de ese significante primero que vino a fijarse a ese goce. Sirve para poder dejar caer el sentido como “página de vergüenza que se olvida o que se anula, o página de gloria que obliga4” e inventar alguna cosa nueva con ese goce que nunca cesará de no escribirse con ese S1 del primer encuentro. Para permitir al sujeto inventar una solución a ese imposible de decir que se le vuelve demasiado ruidoso.


Para leer más, y mejor sobre este tema: https://www.attentatsexuel.com/


1 Albert, S. "Le point panique du sujet" – À propos du livre "Les choses humaines" de Karine Tuil. attentatsexuel.com/le-point-panique-du-sujet-a-propos-du-livre-les-choses-humaines-de-karine-tuil/

2 Leguil C., "Ambiguïté du consentement, puissance de l’écrit", Lacan Quotidien, n°863, 8 janvier 2020. https://lacanquotidien.fr/blog/2020/01/lacan-quotidien-n-863/

4 J. Lacan, “Escritos 1”


domingo, 13 de diciembre de 2020

Lo que no importa.

Mi nombre no importa. Soy una más de las personas a las que llamáis por teléfono, numeráis en las noticias, aconsejáis o juzgáis sin daros cuenta. Voy a contar un pedazo de historia. 

Cuando comenzó la situación de exclusión me quedé sin trabajo. Trabajaba de auxiliar veterinaria, camarera, limpiador, analista de datos… no importa. Tenía un contrato que me iban renovando, hasta ahora había tenido la suerte de ir encontrando lugares donde se necesitaba mi tiempo a cambio de dinero. Que es lo que significa el trabajo: tiempo, el de un ser humano, a cambio de dinero con el que ganarse el poder vivir. Ganarse la vida no es una metáfora, uno puede perderla en cualquier traspiés. 

Vivo en un piso de alquiler, hipotecado, compartido... no importa. Ahora me es imposible pagar. Podría tener familia, pareja, descendencia… o no tener, eso tampoco importa. Difícilmente puedo llegar a fin de mes, lo que también es un buen eufemismo ya que significa vivir o no conforme pasan los días. Me he dado cuenta que usamos muchos eufemismos para rodear la muerte, que es la otra cara de la supervivencia. 

¿Por qué hablo de muerte? Porque me parece que hay algo que no estamos entendiendo como conjunto de seres humanos que habitamos un planeta compartido. No estamos entendiendo que sin comer uno muere. Que sin medicinas uno muere. Que ese “ganarse la vida” trabajando significa que, si no trabajas, pierdes la vida. Y que si uno se queda sin trabajo va a tener que conseguir la comida en otro lugar, a cambio de otras cosas. Y cuando uno no tiene objetos, le queda el cuerpo. 

Disculpad la digresión… lo que estaba contando, esta mañana me han llamado de una entidad social para traerme comida. Estoy muy feliz porque podré vivir un mes más. Seguiré buscando trabajo, junto con todos esos otros seres humanos que se encuentran en la misma situación que yo. Parece que no hay trabajo para todos, casas para todos, dinero para todos… vida para todos. Somos demasiados. 

Los “no importa” de mi relato, resulta que sí importan. Que mi situación será evaluada de manera diferente según sea hombre, mujer, joven, vieja, madre, padre, abuela, licenciada o sin el graduado escolar, según mi nacionalidad, creencia religiosa u orientación sexual… Que todos esos datos dirán si pueden o no ayudarme, si merezco o no seguir viviendo según un pre-juicio que borra por completo mi singularidad. 

No es cierto que sobreviven los más fuertes. Oponiendo ese término al que usan ahora para llamar a seres humanos que se encuentran en una situación similar a la mía, “personas vulnerables”, hay que joderse. Así que yo soy vulnerable, por lo tanto ayúdame, tú, que no eres vulnerable… ¿no es fantástico en el lugar que te deja eso? Si me victimizas, puedes ser el héroe. Si yo soy vulnerable, tú eres fuerte. 

Eufemismos… en realidad sobreviven los que no se salen del círculo, los que no se bajan del mundo para preguntarse quién, qué y porqué hacemos lo que hacemos. 

Mi deseo para el año que viene es que resuene la palabra subvertir. Encontrar otra versión, dar la vuelta, trastocar… trastornar… Que lo singular tome el lugar de la estadística. ¿Que porqué pido un deseo del año que viene ahora? ... por si no llego a fin de mes.

*que los únicos experimentos de las ciencias humanas sean los de n=1 (nota de la autora).

Viñeta de Tute. Extraída de "Humor al diván".

viernes, 24 de abril de 2020

Con fin a miento.. (solo es un juego de palabras)

Es curioso como en el confinamiento la frontera se ha convertido en litoral, una certeza indeterminada. La certeza ante el “todos vamos a tener el virus” pero no sabemos cuándo, ni cómo. La certeza de que hay un virus acechando que no vemos pero que nos tenemos que confinar en casa para evitar contagiarse y contagiar a otros. Es una paradoja extraña, al estilo el gato de Schrodinger. Lo único que sabemos es que el gato estaba vivo antes de entrar en la caja.  

Una frontera separa un lugar de otro, haciendo dos espacios diferenciados que permite la comunicación. En la frontera hay una separación entre el interior y el exterior, se articulan dos espacios distinguidos y por lo tanto puede existir el vínculo, el intercambio. El mundo, tal y como lo conocíamos anteriormente, parecía hacer frontera entre lo interno y lo externo, el nosotros y el ellos (en el más amplio sentido de ese nosotros y ese ellos). 

Antes del confinamiento se pensaba en el mundo como un lugar global que en la mayoría de los casos englobaba al sujeto que usaba ese “el mundo”. “Todo el mundo lo sabe”, expresión curiosa donde las haya. “En el mundo hay x tipos de personas…”. Había una cierta sensación de mundo que podía sostenerse en la diferencia de aquello que no era mundo. Fronteras. 

En cambio en el litoral, no hay diferencia de espacio, hace todo él frontera difusa. No hay reciprocidad ya que no hay uno y otro, no están distinguidos, el límite de uno es difuso, funciona sin una frontera simbólica, sin un interior y exterior sino en continuidad. Por lo tanto no se pueden establecer relaciones, reciprocidades, podemos decir que no habría distancia entre uno y su reflejo en el espejo.

Pensaba, con el litoral, en la banda de Moebius…  

En este periodo de confinamiento hay algo de las fronteras con las que antes se describían el mundo y el cuerpo que parecen desdibujarse. Uno tiene que estar recluido en su casa, a solas con su cuerpo y distanciado de los otros cuerpos; lo que podría hacernos pensar en una frontera sino fuese porque ese otro espacio que queda por fuera del cuerpo y que puede contener el temido virus es un todo, no está distinguido. 

Ese virus que puede estar en el interior y en el exterior, del que uno se trata de proteger y a la vez recluye su cuerpo para proteger a otros con los que apenas puede tener más relación que a través de dispositivos virtuales que dificultan la separación. Ese mundo que antes se percibía como “el mundo”, de repente se ha vuelto difuso. Ahora está Yo, y el Mundo (disculpen la referencia noventera).

Los confundidos cuerpos confinados, recluidos dentro de unos límites y a la vez sin límites porque, ¿dónde está el virus, dentro o fuera del cuerpo? 

¿Cuál es el confín del mundo ahora? ¿Dónde están las fronteras en una sociedad confinada? 

Las fronteras que limitaban se desdibujan, ahora teletrabajamos, teleestudiamos, nos telerelacionamos… no hay diferencia en los espacios de trabajo, de ocio, de relación. Los dispositivos que permiten la conexión con otros que están fuera, pero no están fuera. Que no tienen más que un cuerpo y una voz enlatados. Esos con los que antes se compartían presencias, ahora los encontramos en nuestros comedores a través de dispositivos virtuales con los que conectar a golpe de un clic… y desconectar de la misma manera. Una relación en el litoral. 

Lo Real, bastante difuso, hace litoral con el uno que trata de construir una nueva manera de habitar la vida. Esperemos que sea un confinamiento con un fin. 


En Baarle, el límite entre Bélgica y Holanda pasa por la puerta de una casa.

lunes, 30 de marzo de 2020

Volver a la "normalidad"

Hace días que llevo escuchando y leyendo la expresión "cuando volvamos a la normalidad". Es un enigma difícil de escribir que me parece tiene que ver con la historia que cada uno se cuenta y que se ha visto desgarrada estos días. Eso que antes llamábamos rutina y que nos parecía que era lo que tenía que ser. ¿Saben que cada uno se cuenta una historia de lo que va pasando? Quienes somos, quienes son las otras personas con las que compartimos la vida, que es lo justo y lo injusto… y de repente, algo hace que esa historia se tambalee.

Recuerdo en una conversación donde se definió el trauma como "una ruptura en el tejido simbólico", y me parece que es una buena definición del momento actual. Una ruptura con la que cada uno tiene que hacer desde el confinamiento del cuerpo, enfrentado a uno mismo sin el recurso imaginario de esa "normalidad", radicalmente solo. Un sueño del que no parece que pronto vayamos a despertar, aunque sea para seguir durmiendo. 

Cada uno con sus recursos singulares tiene que hacer frente al Real sin poder recurrir a “la normalidad”, a ese orden simbólico con el que se manejaba y tiene que inventar nuevas maneras de hacer, de contarse una historia. Ya sea en modo de aplausos en las ventanas, que nos dan un imaginario colectivo, una identidad de solidaridad, o mediante las herramientas disponibles como acercarse a los otros desde lejos.

Me resulta muy interesante (y un tanto absurdo, he de decir) el recurso de las reuniones virtuales como forma de bordear el agujero que se ha abierto entre los cuerpos llamado "distanciamiento social", y como esa herramienta no acaba de suturar la hiancia. Mirar a los otros a través de pantallas con voces enlatadas es demasiado imaginario para conseguir suplir el contacto con el otro, aunque a algunos les sostiene por ahora. En una conversación hace unos días me explicaban que parecía estar hablando con imágenes en el espejo y que esto producía mucha angustia. Hablar con imágenes en el espejo, lo imaginario hecho lazo social. 

Es curioso como en el confinamiento la frontera se ha convertido en litoral, una certeza indeterminada. Los cuerpos aislados tratando de construir una nueva historia, un nuevo relato que supla la “normalidad” para no angustiarse en exceso. Cada uno con sus recursos subjetivos tratando de dar un sentido a la ruptura que nos convierte en un “todos” que confunde. Porque el virus nos puede afectar a todos y por ello tenemos que estar confinados, uno a uno. Es como el lenguaje, nos afecta a todos pero se manifiesta de forma singular en cada uno… no sin su pizca de angustia. La dificultad de asumir que ese afuera ahora es peligroso y por eso tenemos que quedarnos encerrados, ese afuera que ya no tiene barreras sino que incluye a un “todo el mundo”. 

Es difícil escribir cuando se ha borrado la “normalidad”. Desde el borde del agujero de lo Real, con el Imaginario desgarrado, se trata de coser un poco de Simbólico para soportar la angustia.

El catalejo (1962). Magritte.


lunes, 23 de marzo de 2020

Resultado de unos "deberes" sobre Freud

A modo de introducción.

Leí, por preescripción facultativa para mantener algo de orden en el confinamiento, "Sobre la sexualidad femenina (1931)" y "La feminidad (1933)" de Freud. He estado trabajando un poco el texto y me salió un escrito con dudas que me parece que no podré resolver en breve... ahí lo dejo. Se aceptan respuestas.

El texto.

El acceso a la feminidad o a la masculinidad forma parte de un proceso que tiene que ver con el propio cuerpo y con el paso por el Otro. La sexualidad plantea interrogantes que no acaban de ser atrapados por lo biológico sino que convoca al ser hablante con su cuerpo. Ya Freud dio cuenta de ello tratando de abordar los cambios por los que pasan tanto la niña como el niño en las diferentes fases en las que se trata de acceder a lo femenino o masculino, que requieren tiempo, avances y retrocesos y una conclusión final. Tiempos por los que el ser hablante pasará para ocupar un lugar en lo femenino o lo masculino haciendo algo con el cuerpo que le ha tocado habitar y el paso por el Otro simbólico. ¿Cómo armar la relación del sujeto con una identidad sexual?

Freud explica el complejo de Edipo “normal” como una fase del desarrollo libidinal donde el niño se dirige a la madre mientras que la niña se dirige al padre. Del mismo modo hay una hostilidad hacia el progenitor del sexo contrario. 

Pero para llegar ahí la niña tiene que pasar por diferentes fases y es en el texto “Sobre la sexualidad femenina”, donde hace la diferencia en el proceso que sigue la niña del que sigue el niño. “El psicoanálisis no pretende describir qué es la mujer —una tarea de solución casi imposible para él—, sino indagar cómo deviene, cómo se desarrolla la mujer a partir del niño de disposición bisexual.” (La feminidad. 1933. Freud). La niña ha de pasar por diferentes desplazamientos para llegar a la sexualidad femenina y ya Freud da cuenta que estos desplazamientos no son definitivos, siempre queda un resto.

Para Freud existe una dificultad con sus analizantes a la hora de hablar del preedipo, en cuanto analista varón ocupa el lugar del padre en la transferencia, lo que supone un reforzamiento de la sustitución del objeto de amor por el padre. Esto podemos verlo en Dora que pone a Freud en la serie padre/señor K. 

“(...) tan difícil de revivir, como si hubiese sido víctima de una represión particularmente inexorable. (...) las mujeres que se analizaron conmigo pudieron, precisamente por ello, aferrarse a la misma vinculación paterna en la que otrora se refugiaron al escapar de la fase previa en cuestión.” 

En el inicio, la fase llamada preedípica, la pulsión sexual es idéntica en el niño y en la niña. El niño con el pene y la niña con el clítoris, equivalente al pene. Considera esta primera etapa como “masculina”, o fálica, articulada alrededor del tener. No hay diferencia sexual ya que no ha sido simbolizada. 

Por otro lado, en esta primera etapa, la madre es el objeto de amor para ambos, o quien ocupe la función materna, entendemos la madre como una función, siendo la encargada de los primeros cuidados y las primeras satisfacciones, es el más fuerte e intenso vínculo. (De ahí que Lacan afirme que lo heterosexual es el amor a la mujer). 

La niña debe cambiar la zona erógena y objeto, mientras que el varón retiene ambos. Así que en la niña han de darse dos movimientos, un cambio de la zona erógena y un cambio de objeto de amor. (¿Una metonimia y una metáfora?).

Por una parte tenemos la identificación del lado del ser, de la propia pulsión en el cuerpo con el clítoris, considerado por Freud como masculino, activo y fálico, y la vagina, femenina, un agujero pasivo. En la niña se hace más evidente la bisexualidad de la que habla Freud tanto en el texto sobre la sexualidad femenina como en el de la feminidad (1933). 

“(...) partes del aparato sexual masculino se encuentran también en el cuerpo de la mujer, si bien en un estado de atrofia, y lo mismo es válido para el otro sexo. (...) como si el individuo no fuera varón o mujer, sino ambas cosas en cada caso, sólo que más lo uno que lo otro.
(...) Decimos entonces que un ser humano, sea macho o hembra, se comporta en este punto masculina y en estotro femeninamente. Pero pronto verán ustedes que lo hacemos por mera docilidad a la anatomía y a la convención”

Por otra parte tenemos la elección de objeto, siendo el primero la madre, ha de sustituirla por el padre para, según Freud, llegar al Edipo positivo. Esta sustitución de objeto no modifica la intensidad del vínculo pudiendo ser igual que el vínculo con la madre. 

“el desarrollo de la sexualidad femenina se ve complicado por la necesidad de renunciar a la zona genital originalmente dominante, es decir, al clítoris, en favor de una nueva zona, de la vagina. Ahora, una segunda mutación semejante -el trueque del primitivo objeto materno por el padre- nos parece no menos característica e importante para el desarrollo de la mujer.”

Por lo tanto, en la mujer cambia de lugar la zona genital, la pulsión en el cuerpo y el sexo del objeto, de la madre al padre. Hay mujeres que quedan detenidas en la vinculación con la madre. (Me pregunto si esto tiene que ver con la elección del objeto o con una identificación y, si en este caso, sería equiparable al Edipo del niño). 

La fase preedípica en la mujer adquiere una gran importancia en cuanto a su desarrollo sexual, situando el inicio de la neurosis no en el complejo de Edipo sino antes, con la castración, en este preedipo donde aparecen las primeras fijaciones y satisfacciones.

Freud explica que la fase de vinculación materna tiene relación con la etiología de la histeria. (Me hace pregunta ya que afirma que esto es una cuestión típicamente femenina, pero la vinculación materna también forma parte del desarrollo del niño). 

En el momento que aparece la diferencia de los sexos, con la carga de angustia que ello conlleva, hace aparición la castración. Para el varón supondrá una sustitución del objeto madre por otra mujer y el temor hacia el padre donde ubica la función de castración, instalando un superyó con el que inicia la inclusión del individuo en la cultura. 

¿Por qué la niña renuncia a la madre?

“Lo cierto posiblemente sea que la vinculación a la madre debe por fuerza perecer, precisamente por ser la primera y la más intensa”. (Sobre la sexualidad femenina, Freud 1931). Ha de haber una renuncia al primer objeto de amor para devenir en sujeto y no quedar fijado en el objeto que completa a la madre. 

Existe una ambivalencia en la relación con la madre, entre la hostilidad y la atracción, que también se da en el niño. Freud explica esta hostilidad hacia la madre de tres maneras: por un lado los celos, ya que el amor del niño requiere exclusividad, por otro lado la insatisfacción pulsional y finalmente por la castración. La niña no tiene el falo y descubre que la madre tampoco. 

El niño mantiene su vinculación a la madre transfiriendo esa hostilidad al padre, a quien pone en el lugar de la posibilidad de castración. En cambio en la niña, esta diferencia sexual dará lugar a la “envidia del pene”, con sentimientos de hostilidad hacia la madre que se verán acentuados, así como el verse defraudada ya que esta tampoco lo tiene. Esta actitud hostil, que se verá reforzada en la situación edípica,  vendrá articulada a la castración y a la frustración de la satisfacción de la pulsión, imposible de satisfacer ya que no tiene finalidad. Se producirá un giro hacia el padre como objeto de amor. (Recordemos que la envidia del pene no pasa tanto por el tener o no el órgano sino por algo más simbólico, tener o no el falo, estar o no completo, creer que lo simbólico cierra lo real. Pero esto es otra historia).

Para la mujer la elección del padre pasa por la castración. Ella no tiene pero la madre tampoco, por lo tanto se dirige al padre en tanto elección de objeto de amor, o en tanto identificación, rechazando la castración y quedando del lado fálico. (Dora estaría aquí?)

Según Freud hay tres posibles salidas para la mujer, que permite pensar que se puede ser mujer de diferentes formas, armadas en torno a la posición femenina en cuanto a la castración. Para el propio Freud, esto no cierra la cuestión ya que siguió planteándose la feminidad como un “continente negro”, no encontrando respuesta a la pregunta ¿que quiere una mujer?. En las tres salidas la mujer se las tiene que ver con la demanda fálica: 

  • Apartarse de la sexualidad, renunciando en la comparación con el varón a la satisfacción fálica.
  • Autoafirmarse en la masculinidad. No cediendo la posición fálica, eligiendo un objeto homosexual. (En esta salida la pregunta sería si la elección de objeto no sería heterosexual, ya que la identificación de la mujer queda en posición masculina).
  • La tercera salida, normal para Freud, sería la de tomar al padre como objeto, llegando así a la forma femenina del complejo de Edipo. Es la vía de la feminidad, donde no se renuncia a la sexualidad sino que aparece el cambio en la zona erógena, hacia la vagina, y se elige el objeto con características paternas, reproduciendo el primer vínculo con la madre.

Pero la salida por el tener no le sirve a la mujer, sólo parcialmente. Hay algo que no queda cerrado, donde lo femenino no puede ser atrapado. 

Finalmente Freud nos recuerda que no hay que olvidar el caso por caso en psicoanálisis y, aunque estemos ante un proceso explicado en fases con fines teóricos, no es una descripción que sirva para todos los casos: “en realidad, hallar una descripción que se ajuste a todos los casos es casi imposible. En los distintos individuos encontramos las más dispares reacciones, y aun en un mismo individuo coexisten actitudes antagónicas”. (Sobre la sexualidad femenina, 1931, Freud).