domingo, 13 de diciembre de 2020

Lo que no importa.

Mi nombre no importa. Soy una más de las personas a las que llamáis por teléfono, numeráis en las noticias, aconsejáis o juzgáis sin daros cuenta. Voy a contar un pedazo de historia. 

Cuando comenzó la situación de exclusión me quedé sin trabajo. Trabajaba de auxiliar veterinaria, camarera, limpiador, analista de datos… no importa. Tenía un contrato que me iban renovando, hasta ahora había tenido la suerte de ir encontrando lugares donde se necesitaba mi tiempo a cambio de dinero. Que es lo que significa el trabajo: tiempo, el de un ser humano, a cambio de dinero con el que ganarse el poder vivir. Ganarse la vida no es una metáfora, uno puede perderla en cualquier traspiés. 

Vivo en un piso de alquiler, hipotecado, compartido... no importa. Ahora me es imposible pagar. Podría tener familia, pareja, descendencia… o no tener, eso tampoco importa. Difícilmente puedo llegar a fin de mes, lo que también es un buen eufemismo ya que significa vivir o no conforme pasan los días. Me he dado cuenta que usamos muchos eufemismos para rodear la muerte, que es la otra cara de la supervivencia. 

¿Por qué hablo de muerte? Porque me parece que hay algo que no estamos entendiendo como conjunto de seres humanos que habitamos un planeta compartido. No estamos entendiendo que sin comer uno muere. Que sin medicinas uno muere. Que ese “ganarse la vida” trabajando significa que, si no trabajas, pierdes la vida. Y que si uno se queda sin trabajo va a tener que conseguir la comida en otro lugar, a cambio de otras cosas. Y cuando uno no tiene objetos, le queda el cuerpo. 

Disculpad la digresión… lo que estaba contando, esta mañana me han llamado de una entidad social para traerme comida. Estoy muy feliz porque podré vivir un mes más. Seguiré buscando trabajo, junto con todos esos otros seres humanos que se encuentran en la misma situación que yo. Parece que no hay trabajo para todos, casas para todos, dinero para todos… vida para todos. Somos demasiados. 

Los “no importa” de mi relato, resulta que sí importan. Que mi situación será evaluada de manera diferente según sea hombre, mujer, joven, vieja, madre, padre, abuela, licenciada o sin el graduado escolar, según mi nacionalidad, creencia religiosa u orientación sexual… Que todos esos datos dirán si pueden o no ayudarme, si merezco o no seguir viviendo según un pre-juicio que borra por completo mi singularidad. 

No es cierto que sobreviven los más fuertes. Oponiendo ese término al que usan ahora para llamar a seres humanos que se encuentran en una situación similar a la mía, “personas vulnerables”, hay que joderse. Así que yo soy vulnerable, por lo tanto ayúdame, tú, que no eres vulnerable… ¿no es fantástico en el lugar que te deja eso? Si me victimizas, puedes ser el héroe. Si yo soy vulnerable, tú eres fuerte. 

Eufemismos… en realidad sobreviven los que no se salen del círculo, los que no se bajan del mundo para preguntarse quién, qué y porqué hacemos lo que hacemos. 

Mi deseo para el año que viene es que resuene la palabra subvertir. Encontrar otra versión, dar la vuelta, trastocar… trastornar… Que lo singular tome el lugar de la estadística. ¿Que porqué pido un deseo del año que viene ahora? ... por si no llego a fin de mes.

*que los únicos experimentos de las ciencias humanas sean los de n=1 (nota de la autora).

Viñeta de Tute. Extraída de "Humor al diván".

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