A modo de introducción.
Leí, por preescripción facultativa para mantener algo de orden en el confinamiento, "Sobre la sexualidad femenina (1931)" y "La feminidad (1933)" de Freud. He estado trabajando un poco el texto y me salió un escrito con dudas que me parece que no podré resolver en breve... ahí lo dejo. Se aceptan respuestas.
El texto.
El acceso a la feminidad o a la masculinidad forma parte de un proceso que tiene que ver con el propio cuerpo y con el paso por el Otro. La sexualidad plantea interrogantes que no acaban de ser atrapados por lo biológico sino que convoca al ser hablante con su cuerpo. Ya Freud dio cuenta de ello tratando de abordar los cambios por los que pasan tanto la niña como el niño en las diferentes fases en las que se trata de acceder a lo femenino o masculino, que requieren tiempo, avances y retrocesos y una conclusión final. Tiempos por los que el ser hablante pasará para ocupar un lugar en lo femenino o lo masculino haciendo algo con el cuerpo que le ha tocado habitar y el paso por el Otro simbólico. ¿Cómo armar la relación del sujeto con una identidad sexual?
Freud explica el complejo de Edipo “normal” como una fase del desarrollo libidinal donde el niño se dirige a la madre mientras que la niña se dirige al padre. Del mismo modo hay una hostilidad hacia el progenitor del sexo contrario.
Pero para llegar ahí la niña tiene que pasar por diferentes fases y es en el texto “Sobre la sexualidad femenina”, donde hace la diferencia en el proceso que sigue la niña del que sigue el niño. “El psicoanálisis no pretende describir qué es la mujer —una tarea de solución casi imposible para él—, sino indagar cómo deviene, cómo se desarrolla la mujer a partir del niño de disposición bisexual.” (La feminidad. 1933. Freud). La niña ha de pasar por diferentes desplazamientos para llegar a la sexualidad femenina y ya Freud da cuenta que estos desplazamientos no son definitivos, siempre queda un resto.
Para Freud existe una dificultad con sus analizantes a la hora de hablar del preedipo, en cuanto analista varón ocupa el lugar del padre en la transferencia, lo que supone un reforzamiento de la sustitución del objeto de amor por el padre. Esto podemos verlo en Dora que pone a Freud en la serie padre/señor K.
“(...) tan difícil de revivir, como si hubiese sido víctima de una represión particularmente inexorable. (...) las mujeres que se analizaron conmigo pudieron, precisamente por ello, aferrarse a la misma vinculación paterna en la que otrora se refugiaron al escapar de la fase previa en cuestión.”
En el inicio, la fase llamada preedípica, la pulsión sexual es idéntica en el niño y en la niña. El niño con el pene y la niña con el clítoris, equivalente al pene. Considera esta primera etapa como “masculina”, o fálica, articulada alrededor del tener. No hay diferencia sexual ya que no ha sido simbolizada.
Por otro lado, en esta primera etapa, la madre es el objeto de amor para ambos, o quien ocupe la función materna, entendemos la madre como una función, siendo la encargada de los primeros cuidados y las primeras satisfacciones, es el más fuerte e intenso vínculo. (De ahí que Lacan afirme que lo heterosexual es el amor a la mujer).
La niña debe cambiar la zona erógena y objeto, mientras que el varón retiene ambos. Así que en la niña han de darse dos movimientos, un cambio de la zona erógena y un cambio de objeto de amor. (¿Una metonimia y una metáfora?).
Por una parte tenemos la identificación del lado del ser, de la propia pulsión en el cuerpo con el clítoris, considerado por Freud como masculino, activo y fálico, y la vagina, femenina, un agujero pasivo. En la niña se hace más evidente la bisexualidad de la que habla Freud tanto en el texto sobre la sexualidad femenina como en el de la feminidad (1933).
“(...) partes del aparato sexual masculino se encuentran también en el cuerpo de la mujer, si bien en un estado de atrofia, y lo mismo es válido para el otro sexo. (...) como si el individuo no fuera varón o mujer, sino ambas cosas en cada caso, sólo que más lo uno que lo otro.
(...) Decimos entonces que un ser humano, sea macho o hembra, se comporta en este punto masculina y en estotro femeninamente. Pero pronto verán ustedes que lo hacemos por mera docilidad a la anatomía y a la convención”
Por otra parte tenemos la elección de objeto, siendo el primero la madre, ha de sustituirla por el padre para, según Freud, llegar al Edipo positivo. Esta sustitución de objeto no modifica la intensidad del vínculo pudiendo ser igual que el vínculo con la madre.
“el desarrollo de la sexualidad femenina se ve complicado por la necesidad de renunciar a la zona genital originalmente dominante, es decir, al clítoris, en favor de una nueva zona, de la vagina. Ahora, una segunda mutación semejante -el trueque del primitivo objeto materno por el padre- nos parece no menos característica e importante para el desarrollo de la mujer.”
Por lo tanto, en la mujer cambia de lugar la zona genital, la pulsión en el cuerpo y el sexo del objeto, de la madre al padre. Hay mujeres que quedan detenidas en la vinculación con la madre. (Me pregunto si esto tiene que ver con la elección del objeto o con una identificación y, si en este caso, sería equiparable al Edipo del niño).
La fase preedípica en la mujer adquiere una gran importancia en cuanto a su desarrollo sexual, situando el inicio de la neurosis no en el complejo de Edipo sino antes, con la castración, en este preedipo donde aparecen las primeras fijaciones y satisfacciones.
Freud explica que la fase de vinculación materna tiene relación con la etiología de la histeria. (Me hace pregunta ya que afirma que esto es una cuestión típicamente femenina, pero la vinculación materna también forma parte del desarrollo del niño).
En el momento que aparece la diferencia de los sexos, con la carga de angustia que ello conlleva, hace aparición la castración. Para el varón supondrá una sustitución del objeto madre por otra mujer y el temor hacia el padre donde ubica la función de castración, instalando un superyó con el que inicia la inclusión del individuo en la cultura.
¿Por qué la niña renuncia a la madre?
“Lo cierto posiblemente sea que la vinculación a la madre debe por fuerza perecer, precisamente por ser la primera y la más intensa”. (Sobre la sexualidad femenina, Freud 1931). Ha de haber una renuncia al primer objeto de amor para devenir en sujeto y no quedar fijado en el objeto que completa a la madre.
Existe una ambivalencia en la relación con la madre, entre la hostilidad y la atracción, que también se da en el niño. Freud explica esta hostilidad hacia la madre de tres maneras: por un lado los celos, ya que el amor del niño requiere exclusividad, por otro lado la insatisfacción pulsional y finalmente por la castración. La niña no tiene el falo y descubre que la madre tampoco.
El niño mantiene su vinculación a la madre transfiriendo esa hostilidad al padre, a quien pone en el lugar de la posibilidad de castración. En cambio en la niña, esta diferencia sexual dará lugar a la “envidia del pene”, con sentimientos de hostilidad hacia la madre que se verán acentuados, así como el verse defraudada ya que esta tampoco lo tiene. Esta actitud hostil, que se verá reforzada en la situación edípica, vendrá articulada a la castración y a la frustración de la satisfacción de la pulsión, imposible de satisfacer ya que no tiene finalidad. Se producirá un giro hacia el padre como objeto de amor. (Recordemos que la envidia del pene no pasa tanto por el tener o no el órgano sino por algo más simbólico, tener o no el falo, estar o no completo, creer que lo simbólico cierra lo real. Pero esto es otra historia).
Para la mujer la elección del padre pasa por la castración. Ella no tiene pero la madre tampoco, por lo tanto se dirige al padre en tanto elección de objeto de amor, o en tanto identificación, rechazando la castración y quedando del lado fálico. (Dora estaría aquí?)
Según Freud hay tres posibles salidas para la mujer, que permite pensar que se puede ser mujer de diferentes formas, armadas en torno a la posición femenina en cuanto a la castración. Para el propio Freud, esto no cierra la cuestión ya que siguió planteándose la feminidad como un “continente negro”, no encontrando respuesta a la pregunta ¿que quiere una mujer?. En las tres salidas la mujer se las tiene que ver con la demanda fálica:
- Apartarse de la sexualidad, renunciando en la comparación con el varón a la satisfacción fálica.
- Autoafirmarse en la masculinidad. No cediendo la posición fálica, eligiendo un objeto homosexual. (En esta salida la pregunta sería si la elección de objeto no sería heterosexual, ya que la identificación de la mujer queda en posición masculina).
- La tercera salida, normal para Freud, sería la de tomar al padre como objeto, llegando así a la forma femenina del complejo de Edipo. Es la vía de la feminidad, donde no se renuncia a la sexualidad sino que aparece el cambio en la zona erógena, hacia la vagina, y se elige el objeto con características paternas, reproduciendo el primer vínculo con la madre.
Pero la salida por el tener no le sirve a la mujer, sólo parcialmente. Hay algo que no queda cerrado, donde lo femenino no puede ser atrapado.
Finalmente Freud nos recuerda que no hay que olvidar el caso por caso en psicoanálisis y, aunque estemos ante un proceso explicado en fases con fines teóricos, no es una descripción que sirva para todos los casos: “en realidad, hallar una descripción que se ajuste a todos los casos es casi imposible. En los distintos individuos encontramos las más dispares reacciones, y aun en un mismo individuo coexisten actitudes antagónicas”. (Sobre la sexualidad femenina, 1931, Freud).

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