El semblante, entre lo Simbólico y lo Real, se está deshaciendo. Es
como si el espejo de lo imaginario se hubiese hecho añicos y con los
trozos se trata de construir un nuevo relato para este momento
surrealista que nos ha tocado habitar. El relato no llega a cubrir el
agujero en el que andamos actualmente, con la incertidumbre de cuánto
tiempo será así. Los discursos hegemónicos no parecen ser
suficientes, no alcanzan a cubrir el agujero que se ha abierto.
Leía
hoy, a propósito de la sexualidad femenina: “ser mujer sería,
en consecuencia, inventarse un ser con la nada, y ello a partir de la
falta introducida por el lenguaje allí donde no es posible recubrir
dicha falta por la mediación fálica que le otorga una significación
de castración. Castración que da un sentido a la falta en ser y
sitúa a la causa en el Otro. No hay objeto que pueda colmar esa
falta en ser e incluso el falo deja ver su ser de semblante respecto
al goce”1.
Pensé
en la dificultad actual para mantener los semblantes en calles vacías
y personas enlatadas. El lazo con los otros se ha truncado, quedando
a cielo abierto la falta en ser. Cada uno trata de hacer con la
contingencia, ya sea a modo de cantar en los balcones, caceroladas o
enfrentamientos contra los que se saltan la norma. Una norma difícil
de sostener ya que el semblante del Otro hacía tiempo venía
desapareciendo. No hay un Otro al que situar la causa en el
confinamiento del cuerpo.
Es
muy interesante ver la manera en la que cada Amo trata de hacer para
autorizarse en un control de la población que se complica (y
probablemente será más difícil con el paso de los días) puesto
que no es fácil cercar el goce de los cuerpos dejando a cada uno con
su propia falta, con el único contacto con los pequeños otros a
través de máquinas donde los cuerpos aparecen pequeñitos al otro
lado de las pantallas y donde las voces enlatadas no tocan de la
misma manera el cuerpo.
Inventarse
un ser con la nada. Siempre me ha parecido que cuando se trata de lo
simbólico escrito en un papel (o en un ordenador) se pierde la
angustia que puede generar esa nada con la que inventarse un ser. Que
está muy bien tratar de construir un imaginario nuevo, un discurso
en el que creer que las “teleclases” o los “teletrabajos”
pueden sostener el lazo social pero hay algo que se sigue escapando.
El goce de lo Real, la falta en ser que tapada con los semblantes
permite un habitar la vida algo tranquilo pero que, ante la caída de
esos semblantes, veremos cómo hace cada uno para mantenerse en pie,
soportar.
Hace
unos días una mujer me decía que tenía la sensación de que toda
su angustia se había hecho realidad. Que en el teatro de marionetas
en el que trataba, día a día y con dificultad, de continuar
viviendo de repente se había caído el telón y la angustia era lo
único que ahora se presentaba. Esta mujer, como cada Uno, tendremos
que encontrar una manera de construir un relato propio para el
confinamiento… y no es nada fácil.

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