jueves, 19 de marzo de 2020

Cae el telón


El semblante, entre lo Simbólico y lo Real, se está deshaciendo. Es como si el espejo de lo imaginario se hubiese hecho añicos y con los trozos se trata de construir un nuevo relato para este momento surrealista que nos ha tocado habitar. El relato no llega a cubrir el agujero en el que andamos actualmente, con la incertidumbre de cuánto tiempo será así. Los discursos hegemónicos no parecen ser suficientes, no alcanzan a cubrir el agujero que se ha abierto.

Leía hoy, a propósito de la sexualidad femenina: “ser mujer sería, en consecuencia, inventarse un ser con la nada, y ello a partir de la falta introducida por el lenguaje allí donde no es posible recubrir dicha falta por la mediación fálica que le otorga una significación de castración. Castración que da un sentido a la falta en ser y sitúa a la causa en el Otro. No hay objeto que pueda colmar esa falta en ser e incluso el falo deja ver su ser de semblante respecto al goce1.

Pensé en la dificultad actual para mantener los semblantes en calles vacías y personas enlatadas. El lazo con los otros se ha truncado, quedando a cielo abierto la falta en ser. Cada uno trata de hacer con la contingencia, ya sea a modo de cantar en los balcones, caceroladas o enfrentamientos contra los que se saltan la norma. Una norma difícil de sostener ya que el semblante del Otro hacía tiempo venía desapareciendo. No hay un Otro al que situar la causa en el confinamiento del cuerpo.

Es muy interesante ver la manera en la que cada Amo trata de hacer para autorizarse en un control de la población que se complica (y probablemente será más difícil con el paso de los días) puesto que no es fácil cercar el goce de los cuerpos dejando a cada uno con su propia falta, con el único contacto con los pequeños otros a través de máquinas donde los cuerpos aparecen pequeñitos al otro lado de las pantallas y donde las voces enlatadas no tocan de la misma manera el cuerpo.

Inventarse un ser con la nada. Siempre me ha parecido que cuando se trata de lo simbólico escrito en un papel (o en un ordenador) se pierde la angustia que puede generar esa nada con la que inventarse un ser. Que está muy bien tratar de construir un imaginario nuevo, un discurso en el que creer que las “teleclases” o los “teletrabajos” pueden sostener el lazo social pero hay algo que se sigue escapando. El goce de lo Real, la falta en ser que tapada con los semblantes permite un habitar la vida algo tranquilo pero que, ante la caída de esos semblantes, veremos cómo hace cada uno para mantenerse en pie, soportar.

Hace unos días una mujer me decía que tenía la sensación de que toda su angustia se había hecho realidad. Que en el teatro de marionetas en el que trataba, día a día y con dificultad, de continuar viviendo de repente se había caído el telón y la angustia era lo único que ahora se presentaba. Esta mujer, como cada Uno, tendremos que encontrar una manera de construir un relato propio para el confinamiento… y no es nada fácil.




martes, 17 de marzo de 2020

A guardo, pero no es, pero... nada.

Pregunta: – ¿Qué piensa usted de la agitación contradictoria
que se efectúa desde hace algunos años en China?

Lacan: – Aguardo, pero no espero nada.
Las contingencias irrumpen en lo real como una inesperada bofetada a la construcción imaginaria… y simbólica. Esos semblantes en los que uno a uno se resguardan de un Real sin ley, albergando esperanza para reducir la angustia, se tambalean ante lo fuera de guión. Por más películas de apocalipsis que se hayan rodado, es ficción al otro lado de la pantalla, como las primeras imágenes de Wuhan.

Pero se ha abierto una grieta en ese teatro imaginario en el que nos refugiamos los seres hablantes y cada uno, uno a uno, tendrá que hacer con ello.

Incluso los más advertidos sobre los semblantes y el real que cubren, son capaces de construir un universo imaginario al otro lado del espejo que los mantiene de pie, enteros, sujetos. Parece que hay diferencia entre saber y Saber ser/hacer. El velo a la existencia de lo real cubre la vida, incluso de los más advertidos. Se hace palpable la distancia entre el saber teórico y el saber en el propio cuerpo. Una hiancia entre lo simbólico, lo imaginario y lo real.

Desde la lectura de Lacan se habla del Real, pero refugiados en el semblante. Y se escucha ese Real en cuerpos de analizantes, mas no por ello se deja de renegar, formando parte de ese mundo de semblantes que di-simulan lo Real.

Lacan hablaba del Real como su síntoma, “yo hablo de lo real…es mi síntoma … El verdadero real implica la ausencia de ley”1. Estar advertido no significa que uno sepa cómo hacer. Esto es algo que cada uno tiene que inventar, uno a uno.

Teniendo en cuenta la situación actual, en la que cada cual tiene que hacer frente a un desencadenamiento del Real, inesperado, trastocando el teatro rutinario del día a día y poniendo de relieve lo iluso de la construcción del mundo, veremos cómo cada cual puede contener la angustia que conlleva desvelar el agujero.

Afortunadamente las defensas son sólidas. El humor, la construcción de nuevas ficciones y el poder de la negación permitirán que dentro de unos días todo vuelva a esa ficticia normalidad y estos días no serán más que anécdotas dentro de un relato recién construido del lado imaginario con una pizca de simbólico que permitirán, una vez más, velar el Real y mantenernos a la espera.

Habrá algunos que podrán encontrar una nueva posición, un nuevo modo de habitar la vida que pase más por el aguardar, que no esperar. Y mentirse un poco menos, “esa a la que llegó Lacan cuando experimentó que la causa está perdida porque el Otro no existe, salvo en la transferencia”2.




Citas: 
1 (J.Lacan /Seminario XXIII El Sinthome)

sábado, 15 de febrero de 2020

Coordenadas del fantasma: todo lo que el inconsciente puede hacer son juegos de palabras.

“Que se diga
es lo que queda olvidado
detrás de lo que se dice”
Lacan.
El hecho de la enunciación, lo que empuja a hablar que tiene relación con lo Real del mensaje inconsciente, queda velado detrás del enunciado, de la cadena significante que viene envuelta en un sentido. El sentido imaginario que vela la causa de la enunciación. Una causa que tiene que ver no con una determinación sino con la invención propia del sujeto. Una elección de la que ha de responder, hacerse responsable. 
Con la entrada en el lenguaje se produce un efecto en el organismo. Al pasar por el Otro del lenguaje el sujeto queda dividido y de esta operación aparece un resto, el objeto a. Encontramos la primera marca del trauma como efecto del significante, sin sentido, en el cuerpo. Una vez atrapado en la maquinaria del lenguaje, uno reenvía las palabras al Otro, perdiendo lo más íntimo de sí mismo. 
Eso que pierde el sujeto, ese “lo más íntimo de sí mismo” tiene relación con el objeto a, con el vacío. 
En el lenguaje, un significante se une a otro significante para dar sentido. El inconsciente está estructurado como un lenguaje lo que empuja a la producción de sentido, pero en el inconsciente sólo hay significantes sin sentido, S1, que marcaron el cuerpo. El sujeto aparece dividido causado por su elección singular que está relacionada con ese dar sentido. Por lo tanto, el sujeto es un efecto del lenguaje, es Nadie, un producto del paso del organismo por la máquina de significantes, se sitúa entre la cadena significante dando un sentido, lo que tiene efectos, consecuencia de la posición que uno ocupa entre un significante y el otro. Así el sujeto está entre dos significantes.
El sentido que se produce del enlace de significantes da una representación que tiene que ver con el Otro al que se dirige. Aquí aparece la pregunta sobre el objeto que uno ha encarnado para el Otro en su elección, singular, que daría las coordenadas del fantasma. ¿Qué soy yo para el Otro? Y la repetición de este lugar, una y otra vez. Uno trata siempre de volver al lugar de objeto de deseo del otro, perdiendo en consecuencia su propio deseo y, como sabemos por Lacan, uno solo se siente culpable de haber cedido su propio deseo.
El efecto es la construcción de un fantasma, la ficción como defensa del sin sentido para velar el Real, para hacer el goce posible para el sujeto. Cuando el fantasma se tambalea, aparece la angustia revelando lo que el significante no puede reprimir. Si hay angustia, hay objeto, hay resto, hay vacío. 
La cadena significante sostenida en el fantasma, adquiere su lógica de sentido y aparece el automatismo de repetición. El sujeto vuelve siempre a buscar la marca, encadenando S1 para repetir la experiencia de satisfacción, lo que produce un goce, que es distinto al goce como resto (objeto a) liberado de la prisión fálica de la cadena significante. Es decir, que el fantasma produce un goce velado por el sentido que es sostenible para el sujeto, lo que queda por debajo sería el resto perdido de inicio con la entrada en el lenguaje. El fantasma tiene efecto de sentido y de goce. 
Si el análisis hace caer el S/ del fantasma, ¿lo que queda es el goce como resto? ¿Ese goce tiene que ver con el S1 fuera del enjambre de S1’s del inconsciente? ¿Es el S1 unario, marca inicial del cuerpo? ¿Cuál sería la relación con el objeto a que cae al quedar el sujeto dividido? Si ese objeto a es un vacío, la relación con el S1 sería un significante que trataría de llenar ese vacío, ese hueco. 
Finalmente, ese objeto a, la falta fundacional del sujeto, está  recubierta con lo fálico, con el sentido, como una defensa de la propia falta en ser. 

Pero para acabar con algo del deseo, ese vacío es el que causa el deseo. Ya que para que sea posible el deseo, es necesaria la falta. Por lo tanto podemos entender el objeto a como la causa del deseo. Eso sí, a partir de la aparición del sujeto, todos los objetos que vengan a ocupar el deseo, serán semblantes, puesto que no se recupera el objeto perdido… pero de eso parece que va la vida, de acercarse a ser lo más cerca del agujero y para ello uno tiene que dejar caer el fantasma y sus escenarios y tratar de hacer algo con el modo de goce que sea menos mentira y que haga sufrir un poco menos. 

martes, 10 de diciembre de 2019

Un yo, dos otros y el espejo.


"Nos equivocamos al decir: yo pienso, 
deberíamos decir me piensan. 
-Perdón por el juego de palabras. 
YO es otro. 
Tanto peor para la madera que se descubre violín"
Rimbaud.

Una gran tormenta en Barcelona acompañaba a tres participantes valientes a los que la curiosidad y el empuje del no saber llevó a aquella clase. Siendo casi personalizada, algunos conceptos pudieron ser aclarados teniendo en cuenta el peculiar estatuto del saber que se da en psicoanálisis lacaniano según el cual, un instante entiendes algo para, al instante siguiente, volver a no entender lo que habías pensado. Aun así, puedo atreverme a escribir algunas líneas sobre el estadío del espejo y la formación del Yo Ideal y el Ideal del Yo. Un esbozo de comienzo.

Lacan habla del estadío del espejo, como “una identificación en el sentido pleno que el análisis da a este término: a saber, la transformación producida en el sujeto cuando asume una imagen, cuya predestinación a este efecto de fase está suficientemente indicada por el uso, en la teoría, del término antiguo imago1.

La relación entre simbólico, imaginario y real depende del lugar del sujeto en el mundo simbólico, dicho de otro modo, el mundo del lenguaje. Venimos a un mundo donde el lenguaje nos precede y es ese lenguaje el que constituirá un sujeto. La elección de la palabra que toma del Otro Simbólico acompañará al sujeto en su habitar el mundo. El análisis trata de desvelar esa elección por la cual el sujeto ha de responder, ha de hacerse responsable. Un punto para comenzar a pensar esa elección lo encontramos en el estadío del espejo.

El estadio del espejo es ese momento del desarrollo del sujeto en el cual, entre los seis y los dieciocho meses, el niño se mira en el espejo y se ve. Esa imagen del espejo le devuelve un “ese soy yo” constituido a través de otro, el otro del espejo, el semejante que nombra como yo, pero no todo yo. Del mismo modo queda relacionado con la mirada al Otro, en general quien hace la función materna que, acompañándolo ante el espejo, dice alguna cosa de ese cuerpo reflejado. El niño se vuelve a este Otro para recibir afirmación acerca de ese que acaba de ver. En este movimiento el niño siente júbilo ante la imagen global que se diferencia de su sensación de cuerpo fragmentado.

En la escena tenemos algunos elementos que merece la pena tomar por separado para explicar el conjunto. Pero antes es interesante pensar en Rimbaud con su yo es otro. “C'est faux de dire: Je pense, on devrait dire: On me pense. Pardon du jeu de mots. Je est un autre2. Ante tal oxímoron el estadío del espejo nos permite pensar “yo es otro” de una manera lógica.

Por un lado tenemos un niño cuyo cuerpo aún no está constituido. Apenas consigue sostenerse sentado, la vivencia del cuerpo es fragmentada y todavía no está definido lo que forma parte del niño y lo que forma parte del exterior. La diferencia dentro/fuera no está construida.

Por otro lado tenemos la imagen en el espejo. Un cuerpo completo que está fuera. Cuando se ve en el espejo dice “ese soy yo” lo que nos lleva a la pregunta, ¿quién lo dice? Si yo está en el espejo, si yo es “ese”, ¿quién está mirando el espejo? Podemos adelantar que la imagen del espejo tendrá relación con el Yo Ideal, un yo imaginario que producirá una “transformación en el sujeto cuando asume una imagen3”, relacionada con el semejante completo que aparece ante el espejo. Aquí se empieza a atisbar el sujeto dividido ya que eso que llama yo está fuera y podemos anticipar la dificultad si pensamos en la frase “nunca me miras desde donde yo te veo”. Ya que el que miro en el espejo no es el que está mirando el espejo.

El yo (moi) imaginario, se sitúa en relación a los otros de los que se distingue. Imagen del sujeto que se hace de sí mismo en relación y a partir de los otros. Construido a partir de la imagen especular el yo solo se reconoce a partir de la imagen del otro.

Un tercer elemento sería el Otro Simbólico. Para simplificarlo por ahora pondremos en ese lugar a la función materna. El otro portador del lenguaje que pone palabras al mundo. Por un lado tenemos la madre, pero esta no es en sí el Otro Simbólico que sería el lenguaje que esta madre aporta. Lo que dice y, lo que es más importante, lo que el niño toma de eso que dice, una elección que tiene relación con lo libidinal y que dará forma al Ideal del Yo, un yo relacionado con lo simbólico, “cuya predestinación a este efecto de fase está suficientemente indicada por el uso, en la teoría, del término antiguo imago4”. Una causalidad psíquica, lo simbólico introduce algo del orden.

Tomando los tres elementos de la escena, observamos cómo el niño/cuerpo fragmentado, construye un “Yo” en dos tiempos. Un primer tiempo que tiene que ver con el verse completo en el espejo, lo que está lejos de la sensación fragmentada que tiene de sí, y un segundo tiempo en el cual se encuentra con el Otro Simbólico, con el lenguaje. Estos dos tiempos no siguen un orden cronológico, sino que, como nos explica Lacan en Radiofonía, se incorpora el cuerpo no solo como imaginario. Lo simbólico es el elemento previo, el primer cuerpo que hace al segundo al incorporarse al cuerpo que el sujeto cree tener. El cuerpo imaginario se construye en la base del cuerpo de lo simbólico.

Como una sinécdoque, una insignia imaginaria tomada por el sujeto de lo que subyace en el simbólico precipita el Ideal del Yo I(A) que responde al voltearse del niño en el espejo en busca del Otro Simbólico, un “yo soy ese” pasado por lo simbólico (je) que es una producción del sujeto sostenido en ese fantasma. Una identificación del sujeto que pasa por el Otro. El yo (je) como sujeto gramatical, sujeto del enunciado, el avatar del sujeto para presentarse al otro. Falsa ilusión de identidad y pertenencia sostenida en el registro imaginario.

Mientras que el yo ideal i(a), es decir, la identidad imaginaria sería un recorte simbólico pegado en el espejo, regulado a partir del Ideal de Yo. “Esta forma por lo demás debería más bien designarse como yo-ideal, si quisiéramos hacerla entrar en un registro conocido, en el sentido de que será también el tronco de las identificaciones secundarias, cuyas funciones de normalización libidinal reconocemos bajo ese término5”.

En “Observaciones del informe de Lagache”, Lacan nos explica que el fantasma tiene relación con lo que el sujeto ha sido para el otro, “como objeto a del deseo, como lo que ha sido para el otro en su erección de vivo, como el wanted o el unwanted de su venida al mundo, como el sujeto está llamado a renacer para saber si quiere lo que desea6”. El análisis trata de establecer una relación simbólica, impedida y obstaculizada por la relación imaginaria. Hacer desaparecer la cuestión imaginaria en el sujeto, es decir, “pagar el rescate de su deseo con su persona7”.

Una destitución de “ese yo” que hace del psicoanálisis una técnica ética alejada de aquella que trata de “re-forzar” el Yo.

1 El estadío del espejo como formador de la función del yo (je). Escritos 1, J. Lacan 1949.
2 Lettres du Voyant, Rimbaud 1871
3 J. Lacan. “El estadío del espejo como formador de la función del yo (je)”. Escritos 1, 1949.
4 bis
5 bis
6 J. Lacan, "Observaciones sobre el informe de Daniel Lagache", Escritos II. 1987
7 bis

miércoles, 6 de noviembre de 2019

Reseña de la sesión inaugural de la Sección Clínica de Barcelona: “La cuestión clínica: interrogantes surgidos en la formación” a cargo de Hebe Tizio.

“(...) lo no sabido se ordena como el marco del saber”.
Jacques Lacan.

“Se aprende a hablar bien. 
Lacan lo llama el bien decir (...) 
¿Un saber sobre qué? Sobre el decir mismo, 
sobre lo que se dice y lo que no se dice”
J.A.Miller

¿Qué saber hay en la formación en psicoanálisis? ¿De qué manera se transmite ese saber? ¿De qué manera se acerca uno a ese saber? ¿Qué lugar ocupa la escuela? ¿Y los analistas? ¿Y los analizantes?

Un primer encuentro plagado de interrogantes como el título de la conferencia ya anticipaba. Algunos nuevos o con semblantes nuevos, otros que ya venían gestándose desde el primer encuentro con el psicoanálisis y otros que, como explicaba Hebe Tizio, se repiten de unos a otros participantes. Tal y como pasa en la clínica, tomaré unas líneas de lo que surgió en la conferencia inaugural de la Tétrada de la Sección Clínica de Barcelona a modo de “asociación libre que no es tan libre”. 

Hay un sentirse concernido en este tipo de enseñanza, uno no queda indemne del encuentro con el psicoanálisis, “se avanza trabajando contra uno mismo, contra los propios obstáculos”. Con esta afirmación iba desgranándose en la conversación una manera de hacer ante lo que en el transcurso de la formación uno puede ir encontrándose, a modo de brújula incierta. Y una invitación: “tomar el no saber como motor, no como obstáculo”. 

Aparece de la mano de la curiosidad por el saber, el agujero del No Saber acompañado de una pizca de angustia que habla el lenguaje del deseo. Un caos curioso el encuentro con el psicoanálisis. 

Hay algo en el discurso analítico que invita a seguir indagando intuyendo, como un ruido de fondo que te acompaña en el camino, que no habrá un final, un saber completo. A diferencia de otras disciplinas donde uno puede aprenderlo todo y aprenderlo bien partiendo de un saber igual para todos, el discurso analítico apunta al no saber sirviéndose de los tropiezos para avanzar. “El no saber agujerea, desorganiza lo que se tiene sabido” y uno tiene que ver cómo hace con Eso, con la valentía tal que pueda hacer “sintomáticamente con el no saber desorganizador”. 

Lo que uno sabe, o cree saber, se pone entre paréntesis para caer sin sentido ya que lo que se presenta se trata de un saber no constituido por anticipado. No hay un método como podría ser en otras disciplinas sino que cada cual va tejiendo, poniendo en juego el propio cuerpo, el deseo de saber que apunta al deseo más que al saber. Se aprende a sostener ese deseo de saber estando advertido de que hay un punto de imposible.

Por supuesto se habló de Freud y de Lacan. De una primera fase en la que el Nombre del Padre haciendo de S1 enraiza al sujeto a lo simbólico enlazándolo así al lugar del otro a un segundo tiempo donde el Nombre del Padre cae para dar paso a significantes como Lalengua o Synthome. Esos significantes, que uno reconoce pero sabe (o no sabe) que no conoce, revoloteaban alrededor del discurso. 

“El analista se forma en el propio análisis” recordaba Hebe Tizio a modo de declaración de intenciones. Un análisis propio acompañado de una formación que poco tiene de formal si pensamos en el estilo universitario. Para muestra, los inscritos tienen el nombre de participantes. Con estas coordenadas podemos pensar que la cuestión de la enseñanza dependerá de lo que el psicoanálisis enseña de manera singular a cada uno, únicamente tendrá efecto en lo que puede decirse uno a uno.

Uno sabe que se enfadará, porque los pre-juicios del fantasma se irritan ante cualquier resquebrajamiento de su delirio estructurado. También sabe que, a ratos, se identificará con lo que sabe ya que el fantasma tratará de atrapar al sujeto en un vano intento de liberarlo de la angustia. Y con esto uno tiene que aprender a hacer, de una manera singular para cada uno, para avanzar en la formación y en el propio análisis. En resumen un “aprender a soportar el punto de No Saber” y continuar avanzando. 

¡Todo un desafío para comenzar!

lunes, 25 de marzo de 2019

Un trabajo de duelo: Primera Parte, ¿el mundo vacío y triste o uno vacío y triste?


El significante duelo, según su etimología, hace referencia a dos significados. Por un lado “dolus”, nos habla de dolor y por otro, “duellum”, nos habla de un combate, un desafío.

El trabajo de duelo, como lo llamó Freud, es un proceso que supone una elaboración intrapsíquica dolorosa, necesaria para recuperar el bienestar en el sujeto que ha sufrido una pérdida.

Durante el duelo se desencadenan respuestas de tipo emocional y conductual que requerirán de una elaboración de la falta tanto en uno mismo, que tendrá que ver con saber lo que se ha perdido a través de la falta, como fuera de uno. Es un proceso que se prolongará en el tiempo en el cual se tendrá que aceptar la pérdida en lugar de negarla. Para ello habrá que aceptar la realidad de la pérdida, sentir el dolor y adaptarse al nuevo ambiente con la falta que ha devenido. La construcción simbólica alrededor del objeto perdido habrá de ser reconstruida, aceptando la falta.

El hueco en lo real hace surgir el afecto que no está en lo simbólico ni en la imagen. Habrá que reconstruir un nuevo borde para ese agujero. Un relato que bordee la falta. Un velo que vele ese real.

La persona en duelo presentará síntomas de inhibición que no permiten que haya espacio para otro propósito que no sea el trabajo de duelo: pérdida de interés por el mundo exterior (todo lo que no recuerde a lo perdido), pérdida en la capacidad de escoger un nuevo objeto de amor o negación de cualquier cosa que no tenga relación con la memoria de la pérdida.

Lo nuevo siempre será distinto ya que el proceso de duelo implica una aceptación de la irreversibilidad de la pérdida.

Se pone en marcha un proceso de dolor y reestructuración en el cual alguien deja de ser algo para uno, se pierde, falta y hace falta. Se pierde el otro, pero también se pierde lo que uno era para el otro. No solo hay que tratar la cuestión de lo que se pierde sino también de qué pierde uno en esa pérdida.

Podríamos dividir el trabajo de duelo en tres fases, como tres tiempos lógicos:

·         La fase de evitación donde se incluye el shock inicial con la negación de la pérdida. Podemos llamar a esto el instante de ver.

·         Un segundo tiempo en el que aparece la confrontación donde hay afectos más intensos como la rabia, la culpa, la fantasía de una vuelta atrás o un cierto goce al recordar el dolor, que pueden ser desbordantes. Síntomas de tristeza, angustia o incluso visiones de la presencia de la persona perdida lo que podemos pensar como una manera de retener el objeto y apartar la pérdida. La pérdida llena al sujeto que trata de situarse en una realidad sin el objeto perdido. Esto podría pensarse como el tiempo para comprender.

·         En una tercera fase se constituiría un restablecimiento donde la pérdida dejaría de ocuparlo todo. Aparecería un cierto desapego y un recuerdo con menos afecto. Aquí podemos hablar del momento de concluir.

En todo este proceso el sujeto pasa por diferentes afectos, ideas, pensamientos, construcciones y reconstrucciones y necesita pensar, elaborar, recordar y sentir. Este es el trabajo de duelo.

miércoles, 17 de enero de 2018

La singularidad y una clínica del psicoanálisis: otra manera de tratar el sufrimiento.

“Una herramienta, una especie de oficio, de artesanía,
que tiene algo de truco y bastante de formalización. 
Tiene un punto que es medio mágico, 
que es el  buen encuentro con el otro. “
Tomasa de San Miguel. 
¿Qué es el psicoanálisis?
 De Inconscientes, 2014.


¿Cómo hace el psicoanálisis como modo de tratar el sufrimiento humano? 

El psicoanálisis apunta a la singularidad del sujeto. Un discurso que poco tiene que ver con el discurso contemporáneo. 

Uno necesita referentes identificatorios e ideológicos, el Yo necesita un S1 y S2 para ordenar y explicarse el mundo en el que vive. Cuando los relatos tradicionales no funcionan, caen las grandes ideologías, las posibilidades de cada uno de seguir un trabajo subjetivo aparece como una oportunidad para construir un relato propio, algo que permita encontrar una invención singular a cada Uno. 

Uno por uno. 

Aquí es donde podemos situar al psicoanálisis que, teniendo en cuenta el síntoma del sujeto como una seña de identidad que lo acompaña, su historia y sus invenciones, trata de acompañarlo a inventar una solución propia para tejer su vida. 

El “Yo soy…” es la identidad con la que el sujeto se presenta ante el analista, articulada esta identificación a los significantes amo que vienen del Otro. El analista tratará de hacerlos caer haciendo así que emerja el goce particular del sujeto, perturbando las identificaciones y el uso que el sujeto ha dado a los significantes, que no han sido más que una defensa contra el vacío, una defensa ante el agujero que deja el encuentro con el lenguaje, “un psicoanálisis, desata los lazos significantes de esos S1, haciendo imposible su retorno a las cadenas significantes que los sostenían” (Tassara, P. 2017)

Desde el psicoanálisis se propone otra manera de tratar el sufrimiento humano por medio de la palabra, que lo simbólico pueda tocar lo real para cernir algo del goce singular de cada sujeto. Para ello se tiene en cuenta el síntoma en lugar de tratar de eliminarlo. En lugar de tratar a los sujetos mediante un nombre para sofocar la angustia sin que tenga nada que ver en ello, el psicoanálisis propone hacer al sujeto responsable de lo que hace con lo que hay "las casualidades nos empujan a diestra y siniestra, y con ellas construimos nuestro destino, porque somos nosotros quienes lo trenzamos como tal" (Lacan, 1975). Frente al nominalismo que pretende reducir al sujeto a una categoría donde puede ser comparado, contabilizado y tratado según el protocolo, el psicoanálisis propone una clínica en la cual el sujeto tiene algo que decir y, sobre todo, algo que ver con lo que le pasa. 

Preguntarse por el síntoma permite al sujeto responder ante el discurso del amo en el que se mueve y responder por su lugar en el mundo en lugar de verse borrado por lo que viene de fuera. El psicoanálisis tiene en cuenta el discurso social, el discurso del amo y los significantes que estos promueven y los pone en juicio, permitiendo al sujeto un desplazamiento de la identificación en la que podría quedar falsamente fijado. El sujeto tendrá que hacerse un nombre con el cual poder establecer una relación con el otro evitando ponerse en el lugar de objeto, tratando de evitar satisfacer la voracidad del superyó al cual puede quedar identificado, fijado y consumido.

Se invita al sujeto a hablar, hablar para ser escuchado. No se busca una vuelta a la normalidad, como norma o como la búsqueda de un sujeto medio, esto no es más que una ilusión del discurso de la llamada salud mental, en cambio se trata de coger lo singular de cada sujeto y hacerlo hablar. El analista no es el portador del saber sino que se sitúa en la posición de “sujeto supuesto saber” transformando así el otro que no existe en un lugar donde el sujeto puede producir su propio saber, inconsciente. 

Desde una orientación psicoanalítica la respuesta del sujeto al ¿quién soy? es una respuesta falsa. El yo es la función del desconocimiento, esas identificaciones que el sujeto encuentra en lo simbólico social no dicen nada del modo singular de gozar de ese sujeto. Lo más importante de la clínica psicoanalítica es atrapar la singularidad, las condiciones de goce singulares de cada sujeto llevando el significante de lo social a lo singular, dejando caer la identidad debajo de la etiqueta. Una vez el sujeto puede hablar, aparece su palabra, algo que decir sobre su síntoma y así puede salir del lugar cerrado y restrictivo en el que la identificación lo ha fijado y hacerse responsable de su modo particular de hacer en el mundo. Pasar de la pregunta enlazada al discurso social ¿quién soy? a una pregunta que tiene más que ver con el deseo y el goce del propio sujeto, ¿qué soy?

Desde el psicoanálisis la realidad social puede ser leída de manera que los sujetos y sus identidades pueda ser atendidos uno por uno, teniendo en cuenta sus diferentes modos de hacer permitiendo un lugar donde acoger el sufrimiento siempre y cuando el sujeto quiera saber algo de eso, de su singularidad, del porqué de su diferencia y, sobre todo, querer hacer con ello, “insiste en la falsedad relativa del “tú eres eso” determinado por el fantasma, por lo que un psicoanálisis debería tender a un cuestionamiento, al menos relativo, de esa “identidad” (Berenguer, 2017).

El fantasma es un constructo desarrollado por Lacan, se podría decir que se trata del guión con el cual el sujeto lee su vida y le da sentido. Las identificaciones tiene que ver con el fantasma. El sujeto, a través del fantasma, hace existir al Otro “que no existe” puesto que no es más que una ficción. una construcción. El fantasma vendría a ser una especie de “identidad” del sujeto mediante la cual interpreta su relación con el Otro y el lugar que ocupa en esa relación. Siendo una solución con la que responder a la pregunta ¿quién soy?. 

Pero entonces, ahí donde el sujeto más se identifica con los rasgos del Otro más huye su identidad, más ésta se pierde en el objeto. Es en esta disyuntiva donde el fantasma intenta fijar al sujeto alienado en sus identificaciones con el objeto de su identidad perdida. Es lo que escribimos con la fórmula del fantasma, ($ <> a)” (Bassol, M, 2017). 

Mediante el análisis se trata de construir una interpretación diferente a los significantes que son los referentes con los que el fantasma responde a la pregunta por el ser y así poder hacer algo con esa repetición, diríamos que “el sujeto no puede renunciar a todo aquello de su identidad que se encuentra articulado en su fantasma, pero puede reducirlo a unos elementos mínimos, que permiten más de una interpretación” (Berenguer, 2017).

En un análisis se tiene en cuenta al sujeto. El analista junto al analizante tratan de construir el fantasma del sujeto, encontrando los significantes fundamentales que determinan las identificaciones del mismo con el fin de poder desprenderse de ellas y dejar caer el marco de referencia en el que el sujeto queda fijado. 

Mediante un análisis el sujeto puede llegar a mentirse un poco menos, “el psicoanálisis es un sesgo práctico para sentirse mejor”, (Lacan, seminario 24). Una praxis mediante la cual el sujeto encontrará una forma de reconocer su propio goce pudiendo distanciarse del mismo para poder encontrar nuevos modos de elaborarlo. El psicoanálisis alivia el sufrimiento del sujeto acompañando lo incurable y tratando aquello que se puede curar haciendo que el sujeto tome una posición diferente respecto de su propio deseo singular. Por ello, el psicoanálisis es una manera de tratar el sufrimiento sin borrar al sujeto, el reverso del discurso del amo. 

En palabras de Miller, se trata de hacer un esfuerzo de poesía, “un psicoanálisis es una invitación a hablar, no a describir, ni explicar, ni a enseñar (...) tampoco a decir la verdad. Un psicoanálisis es una pura y simple invitación a hablar, sin duda, a hablar para ser escuchados” (Miller, pg 207, 2016).