...la única variable es sobre qué”. Eso decía el doctor House. Y aunque se trata de una serie de ficción, la afirmación se refleja en la realidad. Todo el mundo miente. Cambian los motivos, cambian los que o los cómo y podemos justificar más o menos algunas de estas mentiras según diferentes variables incluso algunas nos parecen aceptables, compasivas, piadosas.
La honestidad brutal puede hacer mucho daño, admitámoslo, ya lo decía Sabina, “me pone enferma tanta sinceridad”. Como casi siempre ocurre con el lenguaje y el uso de las palabras al final el problema es de comprensión. No quieres decirle a ese chico que acabas de conocer que no estás enamorada de él pero que quieres intentar una relación a ver qué pasa porque esto, aunque verdad, podría hacerle sentir mal. Y decides no empezar esa relación porque quizás le hagas daño ya que no sabes qué sientes… tomamos decisiones basándonos en medias verdades y nos llevamos las manos a la cabeza cuando los resultados no son los deseados. Al final todo se trata de lo mismo, cuánto estás dispuesto a soportar. Porque lo único verdaderamente importante son las consecuencias de tus actos. Una mentira es verdad hasta que se pilla al mentiroso… y creo, aunque aún no encuentro la relación directa, que tiene que ver con nuestro miedo a la mirada del otro, a la incomprensión y, sobre todo, a nosotros mismos, a ponerle palabras a lo que sentimos de verdad porque pueden hacernos daño y porque podemos hacer daño al otro.
Y, ¿qué es esto sino miedo?
Últimamente, no se si por coincidencia, por el verano, por atención selectiva o vaya usted a saber, a mi alrededor varias personas están teniendo relaciones o no relaciones cuanto menos complicadas. Me cuentan sus historias en voz o por escrito y yo sintetizo lo que quiero decir en una sola frase: “Lo has hablado con él/ella?” Lo habitual es un rápido ¡Qué dices! ¡Qué va a pensar de mi!... es muy interesante esto. Porque rápidamente nos planteamos qué pensará el otro de mi… y no puedo evitar pensar que en realidad es una proyección de lo que pensamos sobre nosotros mismos. Es evidente que las relaciones entre personas, las relaciones de pareja, son muy complejas ya que existen tantas variables como tipos de personas y combinaciones posibles entre ellos. Así que hacer generalizaciones resulta grosero. Pero...
En mi observación de todas estas historias, de mis propias historias, de relatos de otros seres humanos con las mismas dudas, me he dado cuenta que lo único que no hacemos es mirar hacia nosotros mismos. De manera sana, no como el narcisista. Proyectamos en el otro, en cualquier otro, eso de lo que tenemos miedo y lo vemos reflejado en sus ojos… “se dará cuenta que no quiero tener una relación abierta”, “se dará cuenta que no he tenido otras parejas antes” “pensará que soy idiota” “creerá que soy….” “seguro que prefiere a esa otra chica porque…”
Obviedad número uno: la mayoría de los pensamientos que atribuimos al “otro” son proyecciones nuestras, analicemos pues.
Obviedad número dos: todo el mundo miente. Si, entonces ¿a qué viene la sorpresa? Ante la mentira habrá que evaluar los daños, habrá que evaluar el motivo, habrá que evaluar el tamaño… pero, ¿evaluar al mentiroso? ¿no lo somos todos? Lo único que importa es la consecuencia y lo único que podemos exigir es la responsabilidad que tiene el que ha mentido de aceptar las consecuencias. Si tu chica te deja porque le engañaste al contarle dónde ibas, jódete… “pero lo hice porque..” da igual, has mentido, ella ha evaluado y ha decidido.. los peros a posteriori son bonitos adornos y palabritas que pueden formar un interesante relato. Nada más.
Obviedad número tres: Las relaciones de pareja son complicadas. Si. Todas. Y culparía a Disney, la educación o las películas porno/romáticas (hay quien dice que son lo mismo y un poco de acuerdo estoy con esa afirmación) pero eso sería una obviedad más.
Las reglas son claras, primero conócete a ti, después conoce a la otra persona y, sobre todo, si tienes dudas PREGUNTA. No podemos exigir honestidad porque estaríamos obviando la obviedad número dos así que preguntemos, expliquemos cómo nos hacen sentir, expliquemos lo que necesitamos y, si la otra persona no lo entiende, no lo acepta o no lo cree… entonces de nuevo es el momento de evaluar. ¿Quiero esto? ¿Acepto este tipo de relación? ¿por qué?... y una vez pensado, asumir las consecuencias como adultos, no culpando al otro..
Algunos preguntan: ¿Y el amor? A esto solo puedo responder con otra pregunta, ¿de qué amor hablamos? ¿del adolescente que deja de estudiar y comer pensando en esa chica? ¿del adulto con miedo a estar solo? ¿de mariposas en el estómago? ja.. en serio, lo de las mariposas… buf… El amor es una emoción, un sentimiento, como la felicidad o la tristeza. Quieres a una persona o no la quieres pero eso no implica que puedas tener una relación con esa persona… antes de pensar ¿estoy enamorada/o y la otra persona lo está de mí? Creo que el orden debería ser ¿qué es para mi estar enamorado?. ¿Has pensado en qué significa para tí estar enamorado y tener pareja?
Pero claro, todo esto sería mirar hacia dentro, preguntarse por uno mismo, en definitiva, reflexionar… y es jodidamente difícil. Lo que yo me pregunto es si lo que hacemos de manera automática, culpar al otro, preguntarse ¿por qué no me llama? no es igual de jodido o, incluso más... y, además, ponemos la acción en el otro, yo soy un sujeto pasivo que nada puede hacer más que esperar una señal… en lugar de centrar la pregunta en ¿qué siento, cómo lo siento y qué puedo hacer para resolverlo?
Y al primero que diga “Claro, lo dices como si fuera fácil”. NO. Es jodidamente complicado. No solo contestar a las preguntas sino hacérselo saber a ese otro con el que quieres compartir tu vida. Solo son reflexiones. Pero me pregunto si quizás es ese miedo el que justifica la dificultad y el seguir con el piloto automático que, por más que miro a mi alrededor, no veo que funcione… todas esas historias de parejas y no parejas que escucho y leo últimamente me hacen ver que tampoco es nada fácil mantener la inercia… pero quien sabe.
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