Convendrán conmigo en que nuestra cultura social nos exige inmediatez, felicidad, goce casi infinito e instantáneo. La frustración se asocia a la espera. Tenemos que ser mejores que los otros, tener más cosas e incluso saberlo todo. Hablamos de felicidad como un objetivo del adulto. No solo esto sino que esa felicidad depende directamente del adulto. Si no eres feliz es porque no lo has intentado lo suficiente, porque no lo has pensado de la manera correcta. Los adultos tienen que ser completos y felices. Y ya.
¿Qué ocurre cuando estos adultos tienen hijos? Tener hijos implica inevitablemente una renuncia. Hay que renunciar a parte del propio narcisismo, a deseos del Yo que han de ser apartados para dejar lugar a los deseos y necesidades del otro. Del otro completamente dependiente. Porque el niño es completamente dependiente del adulto. Ocurre que a veces esos adultos utilizan a los niños para sostenerse a sí mismos, para sostener su propio yo. Como ejemplo podría valer el padre que proyecta en su hijo deseos o necesidades que ya, como adulto, han sido desmentidas. La transgresión de la norma, por ejemplo, es muy típico en estos casos, el “haz lo que diga pero no lo que haga”. El niño generaliza, el niño en formación no entiende que hay veces que se puede y veces que no. No entiende la norma si no es absoluta y no entiende que “cuando seas grande comerás huevos”, pero ya iré a esto más adelante.
El niño es un cerebro en desarrollo. Desde que nace hasta que desarrolla su propio yo, su personalidad (o su armado narcisista) está al cuidado de un Otro. Normalmente un adulto, supuestamente responsable.
Actualmente tenemos muchos adultos que no son capaces de sostenerse a sí mismos como adultos. No diferencian entre el adulto y el niño. Creen que pueden conseguirlo todo y ya. Han quedado atrapados en el adolescente que cree ser el centro del mundo. El adulto no puede decirle al niño “yo te puedo cuidar” cuando no ha resuelto su propia historia. Aumenta el uso de psicofármacos, la necesidad de drogas o alcohol (y no hace falta que hablemos de alcoholismo, que también, sino símplemente la necesidad de adormecerse aceptada socialmente). E incluso me atrevería a decir el aumento de nuevas modas basadas en el pensamiento positivo o la necesidad de un gurú externo que nos diga que tenemos que hacer (llámalo X).
Algunas veces estos niños reaccionan de manera, desde el punto de vista del adulto, extravagante. A veces estos niños ponen en cuestión las normas del otro, son inquietos o desafiantes. Reaccionan ante la dependencia que, en un desarrollo vital normal, es lo que los niños son. Dependientes. Pero es muy difícil depender de otro inestable. Da miedo quedar a merced absoluta de un otro que no es capaz de sostenerse a sí mismo. A veces la autosuficiencia que impostan estos niños, la ruptura de las normas, el negarse a obedecer, es la forma que encuentran para mantener su propio yo a pesar del otro. En lugar de un sano “yo solito” pero acompañado de un adulto aparece un impuesto “yo solito” o no habrá yo. La ambivalencia del adulto el niño la interpreta como insoportable. Pueden quedar atrapados por el otro que, en cualquier momento, los puede rechazar.
Puede sonar demasiado tremendista o alarmante. Pero es como interpretamos el comportamiento infantil lo que debería ser visto como tremendo y alarmante.
El niño necesita un adulto que se haga cargo de la situación para desarrollarse de manera sana. Necesita que el adulto sostenga la diferencia entre niño/adulto y necesita que este adulto se comprometa a ayudarlo, que sea confiable, consistente y coherente. Inicialmente de manera absoluta, incondicional, el niño necesita saber que se le quiere solo por ser, por estar. Más tarde se le reconocerá por medio de logros, por lo que se consigue o se espera de él.
Cuando esto no ocurre, cuando nos encontramos con adultos que no han trabajado su propia historia, adultos narcisistas que no han creado un espacio para un otro, su hijo, en su cabeza, es cuando aparecen los problemas.
Y ante esto tenemos varias soluciones. Tenemos la solución más práctica para el adulto adolescente en una sociedad que nos impone y exige el placer inmediato, hacer que el niño quede quieto, destruyendo el síntoma o haciéndolo callar para que no moleste. Tenemos una solución compleja, que implica reconocer al niño como sujeto que puede hablar de lo que le pasa. Interesándonos, como adultos consistentes capaces de sostenerlos, por cuáles son las situaciones angustiosas que les llevan a oponerse. Interesarse por la historia del niño y entender el porqué. Incluir al niño siendo capaces de aceptar que en esta situación tiene que probar la consistencia del otro y que, cuanto más excluidos son, más hostiles se volverán y más intentarán provocar al otro.
Podemos interpretar esto dándole poder al niño, viéndolo con los ojos de adulto o podemos interpretar esto como un grito de atención. Atención necesaria, positiva, dependencia sana. Los niños son capaces de decir cosas terribles solo para estar seguros de que el otro, el adulto sano, sea capaz de sostenerlos en cualquier situación y a pesar de cualquier cosa y, que además, sea capaz de seguir jugando con ellos. Son chicos que nos cuentan de este modo qué les está pasando, es su forma de construir el vínculo con el otro. Podemos acompañarlos en su malestar y enfrentar con ellos su enfado, por otra parte completamente legítimo, o podemos silenciar su grito de ayuda o incluso excluirlos.
Pero claro, para poder hacerlo bien primero tendríamos que relatar nuestra propia historia, como padres, adultos o terapeutas. Nadie puede hacer aquello que no ha hecho propio. No vale hacerlo “como si”. Y esto requiere hacer un trabajo personal complejo y tiempo. No es ya, no es inmediato, no implica necesariamente felicidad instantánea. Y claro, la frustración por la espera es insoportable… Pues yo creo que merece la pena el esfuerzo y sobre todo, creo que habría que intentar seguir jugando con ellos.
Buena reflexión.
ResponderEliminarGracias!
Eliminar"El niño necesita un adulto que se haga cargo de la situación para desarrollarse de manera sana"
Eliminar¿No estimas en demasía el papel del adulto? Si bien es ideal, creo no es imprescindible. De alguna manera, marginas a un desarrollo insano a niños que no tengan "adultos" a los que recurrir.Me da la impresión en tu reflexión, que consideras a adultos y niños, como nexo inseparables, mientras que reflexionas sobre la individualidad del niño......¿Dicotomia o conflicto de intereses?
No imagino como podría desarrollarse un niño sin un adulto. Igual hay algunos en la literatura como "los niños salvajes" y creo que su desarrollo fue bastante insano.
EliminarEl niño, cuando va creciendo, va adquiriendo esa individualidad de la que hablo pero no se me ocurre cómo podría nacer, aprender y crecer sin un adulto. Dejando a un lado lo obvio de la alimentación y protección para la supervivencia, somos seres sociales, aprendemos del otro.