Al expresar una necesidad en voz alta se convierte en real. Esto tiene dos problemas. Uno, que si la conoces, si la has descubierto, sería ideal poder satisfacerla. Dos, si la has expresado en voz alta es porque esperas que el otro se de cuenta de esa necesidad y, con suerte, te acompañe a satisfacerla o, incluso vayamos más allá, sea el otro el que satisfaga esa necesidad.
¿Y por qué esto habría de ser un problema? Pues resulta que hay personas que han aprendido a lo largo de su desarrollo vital que cuando decían en voz alta sus necesidades los otros que se supone debían gestionarla o satisfacerla simplemente se las han negado. O no han prestado atención. O no han sabido como hacerlo. O no han podido... Aquí no hablo de culpa sino de responsabilidad. Que cada cual gestione su culpa pero deberían plantearse la responsabilidad para evitar problemas mayores.
Hablo de adultos progenitores y de niños, claro. Esta es la responsabilidad absoluta. Cuando te haces adulto aprendes a satisfacer tus propias necesidades. Sería lo ideal. Pero esto no siempre pasa. Generalmente actuamos por inercia, por aprendizaje inconsciente sin plantearnos el porqué. Si no has analizado la manera en la que detectas y gestionas tus necesidades lo harás como te enseñaron a hacerlo tus padres. ¿Qué ocurre cuando este aprendizaje ha sido disfuncional o saboteado? Pues que en muchas ocasiones el niño niega sus necesidades. Hace que desaparezcan, las esconde tan hondo que es incapaz de recuperarlas solo. Porque la frustración en la infancia ha sido demasiado grande. Y hablo de frustración subjetiva, lo que importa no es lo que ocurre sino la intensidad con la que lo vives. El nivel de sufrimiento.
Voy a usar una historia en particular para explicar esto de las necesidades. Sinclair (nombre ficticio) me ha prestado su historia para poder contarlo, gracias niña.
Sinclair tuvo una infancia complicada. Ella aprendió bien pronto que los adultos a su alrededor no iban a satisfacer sus necesidades emocionales. De hecho a Sinclair le ocurrió que algún adulto a su alrededor aprovechó sus necesidades emocionales para hacerle daño. Lo que ella hizo para protegerse fue hacer desaparecer la emoción. De manera inconsciente. Poco a poco dejó de sentir. Si no necesitaba ya no podía sentirse abandonada. Si no pedía nada no sentiría la frustración de no tener. Y por no poder tener dejó de desear, dejó de querer.
Esto no solo le ocurre a ella. Hay muchos adultos que, si se paran a pensar en como aprendieron a relacionarse con su propia necesidad, se darán cuenta que su historia puede ser parecida a la de Sinclair. Ahora, siendo adulta, ella ha podido entender que dejó de escucharse a si misma para protegerse pero que ahora puede ir poco a poco probando. Intentando detectar qué siente, qué necesita y comunicarlo a los demás. Y ahora empieza a aprender que decir en voz alta "me gustaría...", "necesito que..." no siempre estará acompañado de una negación e incluso cuando a veces viene acompañado de una negación, está aprendiendo a soportar la frustración que esto le supone. Porque ya no es una niña y no confunde la negación de su necesidad con la negación de si misma. O al menos está en ello. Pero esto le ha costado tiempo, esfuerzo, decepciones y horas de terapia...
La idea es pensar que los niños aprenden a escucharse a si mismos a través de la respuesta que los adultos de su alrededor les dan y que si no les damos la oportunidad de aceptar y satisfacer sus necesidades, aprenderán un atajo. Un atajo que complicará una sana comunicación con ellos mismos y que creará adultos disfuncionales, insatisfechos, confusos.. en la búsqueda constante de la satisfacción de un vacío que no puede ser llenado porque no saben como hacerlo. Porque no aprendieron en su momento a incorporar, a satisfacer la necesidad detectada.
Este es otro super poder de los adultos para con los niños. Y es algo para ir pensando. ¿Cómo detecto lo que necesito? ¿Cómo interpreto mi propio deseo? ¿Qué espacio le doy para satisfacerla o para compartirla con otro? ¿Cómo incorporo para llenarme? Y, dentro de la patología, ¿cómo sustituyo todo esto? ¿cuánto he de comer para llenar el vacío? ¿cuánto he de beber? ¿cuántos psicofármacos necesito para estar satisfecho?...
No se, son ideas...
No hay comentarios:
Publicar un comentario