Y con este super título a modo de introducción quiero hablar de la habilidad de empatía mezclada con escucha activa, atención plena y ser capaz de dejar a un lado tu propia historia, realidad y visión del mundo.
Hablamos mucho de empatía y de ponerte en el lugar del otro. De intentar entender como ese otro siente en el momento en el que nos está contando su historia. La mayoría de las veces en medio de una conversación estamos pensando en qué vamos a decir nosotros cuando el otro se calle. En el mejor de los casos la respuesta tiene relación con lo que nos están contando, en el peor de los casos estamos esperando nuestro turno para “hablar de mi libro”. Eso que parece tan sencillo es realmente difícil. Y si te paras a observar las conversaciones ajenas, (intentad ser discretos cuando hagáis esto) te darás cuenta que muchas de las veces se dan malos entendidos porque simplemente cada uno de los dos están en lugares distintos, usan códigos distintos. Y esto pasa constantemente en conversaciones casuales. No pasa nada, es la magia del lenguaje.
¿Qué ocurre cuando la conversación implica carga emocional? Pues que aún se hace más difícil. Las palabras tienen un significado objetivo según el diccionario de la lengua, pero tienen infinitos conceptos simbólicos según el hablante. Piensa en un perro. Algunos cuando piensan en perro ven su perro de la infancia, otros ven su perro actual, otros que no tienen perro ven uno pequeño o grande según su imaginario, según su historia… es cierto que el perro tiene rasgos comunes para todos, un perro es cualquiera, pero EL perro, este es diferente para cada uno de nosotros. Y este es el ejemplo más fácil que he encontrado. Parémonos un momento en una palabra cualquiera que hable de emoción. ¿Cómo te sientes? Triste. Y esta tristeza tiene tantos significados, tantas intensidades, tantas variables como hablantes y momentos vitales tengamos delante.
Teniendo en cuenta esto, la habilidad que todo terapeuta debe desarrollar es la capacidad de escuchar al Otro (paciente, cliente, ser humano enfrente suya….) desde la historia de ese Otro. Y esto, que parece muy sencillo, que creemos que podemos hacerlo, es tremendamente difícil. Porque como seres humanos los terapeutas también tenemos un significado propio para cada una de las palabras. Un significado que tiene relación con nuestra propia historia. Mi tristeza no es la tuya, ni es la de mi paciente. Desde mi punto de vista tengo la certeza de que para poder hacer esto bien antes tienes que conocerte a ti mismo. Y tengo la certeza de que no puedes hacerlo solo. “La mente que ha creado el problema no puede resolverlo”, decía Einstein. Así que si no te has analizado no serás un buen terapeuta. Y siendo del todo sincero, cualquier resistencia a esto será entendido como una defensa.
Necesitas conocer tu historia. Necesitas conocer tus emociones y el porqué de éstas. Primero tienes que ver cómo es tu mundo para, después, una vez que tienes delante un Otro, poder separar lo que es tuyo de lo que te está contando. Hay que ser un espejo, pero un espejo limpio. Será inevitable que te resuenen algunas de las cosas que el ser humano que tienes delante te esté contando. Compartimos lenguaje y términos. Por eso, si sabes cuales son los significados que tu historia te devuelve, podrás separar y podrás entender qué es lo que ese Otro te está explicando y, así, podrás acompañarlo en su propia historia. Sin contaminar esta historia con tus propias proyecciones.
Esto es algo que todo psicólogo, terapeuta o analista tiene que saber… pero que no le podemos exigir a los “legos” aunque nos encantaría que a veces lo practicasen.
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