miércoles, 27 de mayo de 2015

Estado: melancólico. La disonancia de la tristeza.

melancolía:
(Del lat. melancholĭa, y este del gr. μελαγχολία, bilis negra).
1. f. Tristeza vaga, profunda, sosegada y permanente, nacida de causas físicas o morales, que hace que no encuentre quien la padece gusto ni diversión en nada.
2. f. Med. Monomanía en que dominan las afecciones morales tristes.
3. f. ant. Bilis negra o atrabilis.

disonancia:
(Del lat. dissonantĭa).
1. f. Sonido desagradable.
2. f. Falta de la conformidad o proporción que naturalmente debe tener algo.
3. f. Mús. Acorde no consonante.
hacer ~ algo.
1. loc. verb. Parecer extraño y fuera de razón.


Tengo la sensación de que vivimos en un mundo feliz. No hablo del libro de Huxley, que también. Hablo de la tiranía de la felicidad, del pensamiento positivo y la obligación de estar contento y sonriente siempre. Hablo de la imposición del sentirse bien aunque tu realidad no te acompañe. Últimamente leo muchas críticas a la psicología positiva, algunas muy interesantes (no dejen de leer Jot Down, "Psicología positiva: y sonreirás sobre todas las cosas") y otras, copias malas de resúmenes de libros de texto. Leo todo esto pero sigo sintiendo la presión a mi alrededor. No solo en el mundo real sino en el virtual y por supuesto en el audiovisual.

Yo a veces me siento triste. Y puedo ver cómo se llevan las manos a la cabeza. Oh! sacrilegio! vaya psicóloga que se siente triste! Pues si amigos, a veces incluso los psicólogos nos sentimos tristes. Y no por algo especial y justificable como la muerte de un ser querido o el abandono de una pareja, que sé que esto me lo permitirían, sino simplemente porque a veces te despiertas con la sensación de que el peso del mundo, esa mañana en concreto, es más pesado de la cuenta. No sabes del todo porqué pero te encantaría quedarte en la cama una semana más a ver que pasa. Pero te levantas, y haces lo que tienes que hacer o lo que te han hecho creer que tienes que hacer (ya saben, hay que ganarse la vida como premisa vital... expresión que sigo sin acabar de entender)... Seguro que saben de que estoy hablando...

Pues ahí va un secreto. Esto es normal. No solo es normal sino que resulta que es parte de ser humanos. La tristeza también es una emoción válida. No siempre te puedes sentir bien. El problema es que ahí fuera no tienen piedad con los tristes, con los que, en ocasiones, se sienten deprimidos (que es más que tristes) o melancólicos, que es la emoción de la que trata todo esto.

La tiranía de la felicidad te obliga a ir perfecta, en cuerpo y alma. Condena al diferente y aplasta al triste. Si se imaginan en alguna de esas mañanas difíciles, hagan un esfuerzo e intenten pensar en que esa mañana es habitual, que son personas que, por lo que sea (podemos ponernos a buscar los motivos pero no es el objetivo de esta entrada y además creo que no les gustaría mi teoría) sienten la melancolía en un número mayor de veces que la alegría. ¿Creen que esto es difícil? pues a eso hay que añadirle el rechazo que sufre esa emoción.

Si la melancolía pesa, añádanle el peso del mundo que nos obliga a ser felices, a sonreír por encima de todas las cosas, a sentirnos bien no mirando a quien y salir con la sonrisa porque, "ey! la vida es bonita y solo tienes una!". No niego esto pero es que a veces me siento triste y puedo entender que haya personas que se sienten muy tristes. Ahora lo llaman depresión (o "depre", que es aún peor) pero esto no es más que un cambio de nomenclatura para patologizar un estado de ánimo que, si fuésemos capaces de pensar más allá del miedo, podríamos entender que forma parte de la normalidad del ser humano.

La tristeza nos invita a pensar, nos paraliza, nos hace sentir tremendamente mal cuando es demasiado grande y dura demasiado tiempo y esto es terrible. ¿Por qué entonces en lugar de comprensión se rechaza? ¿Qué es lo que nos da tanto miedo? ¿El contagio, quizás? ¿Igual tenemos miedo que, al igual que cuando nos hablan de la muerte, la tristeza del otro pueda descubrir, conectar con una tristeza mía que llevaba tiempo evitando?

¡Ala lo que acabo de decir! Aquello de los libros de autoayuda de rodéate de gente feliz, aléjate de las personas que están tristes porque te harán sentir peor... aquello de las ideas tristes te harán más triste, no hace sino estigmatizar aún más a esas personas que realmente se sienten mal. Y recurrir a las drogas (legales o ilegales) es una solución rápida y fácil que a veces puede ayudar pero que no resuelve el problema. Porque se trata de un proceso y porque queramos o no la tristeza también nos hace humanos, también forma parte de la vida, también, a veces, es adaptativa... y hacerla mas complicada, esconderla, alejarte de las personas que se sienten realmente tristes no va a hacer que desaparezca. No va a resolver el que a veces te sientas triste y que hay personas que muchas más veces se sienten mucho más tristes.

En lugar de "salgamos a tomar algo" "alegra esa cara" o "¡es que eres un triste tío!". En lugar de usar un "me siento depre vamos a ver una película a ver si se me pasa" o "me siento triste vámonos de copas", sería un ejercicio muy interesante y, quién sabe, igual hasta útil y reconfortante, invitar a la persona que sabes que se siente triste a un abrazo, a un "siento mucho que te sientas así, ¿puedo hacer algo para ayudarte?", incluso cuando tú mismo te sientas triste intentar hacer el esfuerzo de ver de dónde viene esa sensación y, si no lo puedes hacer solo o si no te apetece investigar, pedir a alguien que te acompañe simplemente a estar, a conectar, a sentir esa emoción contigo... igual, si hablamos más de cuando nos sentimos tristes y acompañamos más a quienes se sienten realmente tristes, igual digo, la tiranía de la felicidad pierda fuerza y la imposición del positivismo no haga que el peso de la melancolía sea tan grande.

Igual, puede ser que, si dejamos un lugar para ambas emociones la disonancia de la tristeza desaparezca y pueda convivir con la alegría y haya momentos tristes y momentos alegres y ambos puedan convivir juntos. Y no tengamos que ocultar que, a veces, algunas mañanas, el peso del mundo es más pesado de la cuenta sino que podamos decir, "¿me ayudas a llevarlo?".

- ¿Qué está mal?
- No lo sé.
- ¿Cómo puedo ayudarte?
- No lo sé.







- De acuerdo. Te hice un nido. ¿Quieres venir?
-... de acuerdo.







- ¿Eso ayuda?
- Si.
- ¿Alguna vez vas a salir?
- ... no.
- De acuerdo. Espera.

jueves, 21 de mayo de 2015

Cada uno es el Yo de su propia historia: sobre la pérdida, segunda parte.

La represión es uno de los mecanismos de defensa más populares. Junto con la negación acompañan a la pérdida como si no pudiese ser de otro modo. A los que no están sufriendo no les gusta que les recuerden la fragilidad de la vida. Como dije antes, hay que hablar y hablar... y es difícil encontrar a alguien que se preste a Escuchar cuando el tema es la pérdida.

Incluso antes de que el otro censure, ya lo hacemos nosotros. Ideas típicas como lo egoísta que soy por sentirme enfadado, por sentirme dolido, por sentirme traicionado por la persona que ya no está o que acaba de enfermar o que está muy mal, hacen que censuremos las emociones asociadas. Porque no tengo derecho a enfadarme, peor está (ponga aquí el nombre de la persona que quiera)... y esto es un poco demagogia barata. Comparar tu historia con lo que debería ser o con la de otros no va a hacer que sea menos doloroso. A lo peor dejas de sentirlo un rato pero volverá, porque lo no resuelto siempre acaba por volver.

Cada uno es el YO de su propia historia. Y esto no es Ego ni egoísmo ni narcisismo. Hablo de la percepción de la realidad. El protagonista de tu propia historia eres tú. Así que has de lidiar con tu vacío, con tu duelo... y quizás entonces acompañar a otros o no, ayudar a otros o no... pero si no haces el tuyo propio ten por seguro que nadie lo hará por ti. Encontrar a alguien que te acompañe y que no censure ninguna de las cosas que pasen por tu cabeza. Encontrar a alguien que pueda contener lo que te sale del estómago. Y aceptar y sentir el dolor. Porque aparecerán, es lo jodido de la pérdida. La tristeza y la rabia siempre la acompañan.

Después, una vez que has curado el vacío, llenarlo con recuerdos y emociones nuevas que puedes, si te apetece, unir a las antiguas. Recuerdos de aquella historia que no pudo ser, recuerdos de aquella persona que te acompañó y que te enseñó como sentir emociones concretas... y aprender que eres capaz de soportar la frustración de no tener más pero que aún tienes lo que has tenido... No me gusta citar a santos pero me viene a la cabeza eso de:  "Aquellos que amamos y perdimos, ya no están donde estaban, ahora están donde estamos nosotros." San Agustín.

Aún si lo has hecho bien, habrá días que reaparecerá la tristeza o la rabia. Porque cuando una persona importa, cuando ha llenado un espacio, forma parte de ti. Te acordarás cuando pases por la calle por la que paseabas o pensarás en el día en el que solíais veros... con el tiempo será más sutil, un olor, una sensación asociada, un sonido... pero entonces ya no dolerá tanto, y posiblemente será una sonrisa tierna lo que aparezca. ¿No? Pues entonces es que no hiciste bien el duelo y aún hay cosas que no has digerido del todo, piénsalo.

Todo esto es difícil, por supuesto, como la mayoría de las cosas importantes en la vida. Lo que "sale solo" es seguir caminando sin parar. Sin mirar. Haciendo como si la vida siguiese y nada hubiese pasado. Escuchar un "no pasa nada" del otro y agarrarte fuerte a esta idea. Seguir trabajando, ocupando tu mente con todo lo que creas que llena ese vacío... siento ser yo la que tenga que decirlo pero no sirve. Lo siento. Me encantaría decir que seguir adelante y no preocuparse por la pérdida es lo mejor y lo más sano y que esto no traerá ninguna consecuencia. Pero no funcionamos así. Las perdidas significativas hay que atenderlas, acogerlas, digerirlas, hablarlas y, sobre todo, SENTIRLAS. Con todo el dolor que eso conlleva. Lo se, es jodido. Lo se, parece más sencillo dejarlo pasar... pero se repetirá si no lo colocas bien en su lugar, si no vacías la emoción como tu estómago te pide que hagas... si no lloras la pérdida.

Si no puedes solo, busca ayuda. Dentro de lo de ser seres sociales está el poder compartir y si tienes suerte de encontrar un otro que sea capaz de soportarlo contigo, adelante. Todo irá mejor así. No ahora, quizás no dentro de un semana o un mes... pero pronto... y lo recordarás cuando aparezca esa sonrisa tranquila después de un recuerdo, esa sensación de ternura que acompaña al recuerdo de la pérdida cuando no ha sido negada.

La posibilidad de llenar el vacío que solo se da cuando has sido valiente enfrentando lo jodido de una pérdida significativa... y recuerda, es un proceso, no un problema con una solución.

martes, 5 de mayo de 2015

El vacío ocupa mucho espacio: sobre la pérdida, primera parte.

¿Cómo gestionamos la pérdida? Con los niños apenas se habla de la muerte. Posiblemente por el miedo a la propia muerte, a la certeza de que esto se acaba. Escondemos el sexo y la muerte, si Freud levantara la cabeza...

¿Qué hacer ante el vacío que deja la persona que se va? No es necesario que hablemos de muerte si no queréis, la pérdida es más grande que la muerte, aunque no hay pérdida más grande que esa. Preparando un taller sobre como gestionar la pérdida y como explicarle esto a los niños me he dado cuenta de lo difícil que resulta. Y me preguntaba porqué y me encontré con una pregunta más complicada aún, ¿cómo nos explicamos los adultos la muerte?

En muchos casos se hace lo de siempre, represión. El dolor es muy doloroso. Hay que seguir adelante, haciendo, y la tristeza paraliza. Así que mejor no pararse a pensarlo, y ya ni te cuento lo de pararse a sentirlo. Rechazamos la idea, el pensamiento, apenas hablamos de la pérdida y ahí se queda. En segundo plano. Esperando su momento. Y años después sentimos la desesperanza y no tenemos ni idea de a qué viene.

Resulta que el vacío ocupa mucho espacio. Ese vacío que queda tras la pérdida no se rellena con otra cosa y porque no lo quieras ver sigue ahí, lo siento por los de "ojos que no ven..." porque el inconsciente no olvida.

¿Cual es la forma más sana de enfrentar la pérdida? Hablar... ¡sorpresa!. No, en serio, hablar y hablar y hablar. Como ya dije en alguna otra ocasión. Lo que ocurre con el hablar es que no vale hacerlo con un muñeco de peluche. A veces es terapéutico pero somos seres sociales y necesitamos un Otro que recoja nuestra emoción, la acoja y nos ayude a contenerla. Sobre todo cuando es grande. El duelo y la pérdida se resuelve compartiéndolo. El problema es el de siempre, la comunicación socialmente aceptable. Hablamos de tristeza y no está bien visto. "¡Sigue adelante! ¡No llores! Te entiendo pero la vida sigue". No, si ya sé que la vida sigue, pero es que me duele. Tendemos a negar lo que nos da miedo y por alguna parte tiene que salir. Como dice Odin Dupeyron "la gente dice muchas tonterías cuando alguien se muere: no llores, Paty no querría verte llorar, ¡pues que no se hubiera muerto, la cabrona!" Genial.

Llorar es sano y legítimo ante la pérdida. Sentir rabia también. Enfadarse porque ahora hay un vacío donde antes hubo algo grande. Una persona, una emoción, una vida compartida. Y esto requiere un tiempo para sanarse. Y duele, mucho. Pero es necesario parar a resolver la herida. Porque sino el vacío ocupará mucho lugar y será difícil poder soportar otras emociones.

Al final, como el niño pequeño que tiene miedo al ir por primera vez a la guardería, aprendes que esa persona, esa historia juntos, esa vida que antes de la pérdida tenías, sigue existiendo. Puedes recordarlo y sentirlo y los recuerdos, si has aceptado el proceso del duelo y sus emociones asociadas, serán agradables. No necesitaras hacerlo desaparecer. Será una tristeza tranquila. Una sensación a la vez triste y alegre. Porque podrás recordar a esa persona, podrás recordar esas historias y podrás sentirte agradecido por haberlo vivido. ¿Que es una putada? Por supuesto! y más cuando la pérdida es inesperada o injusta (la mayoría de las veces lo es). Pero el secreto es aprender a vivir con ello. Y el aprendizaje es doloroso y complicado. El niño de dos años lo aprende más deprisa porque sabe que mama volverá a recogerle cuando acabe la guardería y al final entenderá que mama no desaparece porque ya no esté delante... es un recurso. Si hemos aprendido esto a tiempo, la pérdida no será tan complicada de asimilar. Si no lo aprendimos y, muchos adultos no lo han aprendido, la gestión de la pérdida es más complicada. Pero se puede hacer.

Piensa y, lo que es más importante, siente la pérdida. Permítete emociones que te hacen ser vulnerable y compártelas con un Otro siempre que lo necesites. Se irá tornando soportable y se irá haciendo más pequeño ese vacío. Podrás llenarlo con recuerdos que te hagan sentir reconfortado. Si aún así tienes miedo, si no quieres enfrentarlo, no te sorprendas cuando días, meses o años después te encuentres desbordado y no entiendas porqué... el vacío de la pérdida ocupa mucho lugar.