Se puede leer como toda forma de causalidad implica al sujeto y confundir la elección con el consentimiento. Lacan hablaba de “la insondable decisión del ser”. ¿Una decisión insondable implica consentimiento? ¿Existe diferencia entre consentir y someterse? ¿Uno puede consentir si en esa elección se juega ceder(se)?
Empezando por el principio, ya que quiero hablar de trauma, iré saltando de Lacan a Freud. Cuando hablamos de trauma, lo que está en juego es que para el ser humano no hay un objeto que satisfaga la pulsión. En los animales encontramos la necesidad saciada con un objeto prefijado (el león, por mucha hambre que tenga, no irá a comer hierba…). En cambio en el ser humano esto se complica y por eso en lugar de necesidad, Freud habla de pulsión. Que por ahora vamos a pensar como un empuje en el cuerpo que exige una satisfacción.
El encuentro con la satisfacción sexual es un mal encuentro donde se juega un “excedente de sexualidad” del cual el sujeto se defiende. Debido a que no hay relación sexual, es decir, hay una falta, el encuentro con la sexualidad siempre implica un excedente, un demasiado, constatándose una desproporción entre la causa y el efecto. No hay un para todos, el sujeto tiene que inventar su relación y situarse en ella.
Siguiendo la etiología freudiana, en “Causa y consentimiento”, Miller hace un esquema de la doble causa, hablando del estatuto del trauma: la primera causa es el trauma sexual que determina una fijación. El primer encuentro con la satisfacción sexual tiene lugar con un excedente, con un plus (a) y lo que se fija es un significante (S1) a ese excedente al cual el sujeto aún no da sentido.
La segunda causa es el despertar del recuerdo de ese trauma, que determina una represión. Aquí es donde tiene lugar la interpretación, la aparición de un sentido a posteriori: se pone en juego el sujeto del sentido ($).
Finalmente el síntoma como el retorno de lo reprimido.
¿Cómo articular las dos causas?
En la primera causa: la teoría sexual, las pulsiones, una inercia (la fijación), a
y
en la segunda causa: la interpretación, el inconsciente, un desplazamiento (la represión), $
La represión viene de la interpretación de la primera causa, es un hecho de sentido. En un segundo tiempo del primer encuentro con el excedente de sexualidad, efecto de un no hay relación sexual, es decir, “no tengo lo que hace falta para hacer existir la relación con el otro”, el sujeto aparece como una invención propia que llena de sentido ese agujero, “el sujeto está implicado en la relación de causalidad, a título de sujeto del sentido”. Se inscribe como una defensa del excedente de sexualidad, ante esa pulsión que nunca se satisface.
Pero entonces, ¿qué es el retorno de lo reprimido? ¿y qué lugar para la primera causa?
El significado reprimido hace retornar un significante, causa el retorno de lo reprimido en forma de síntoma. Es decir, que lo primordial no es el sentido sino el significante, que es lo que retorna. El síntoma sería aquí algo de lo que se goza, que satisface, algo que vino al lugar de ese exceso y que, pasado por la máquina de significado, retorna en forma de síntoma.
Por lo tanto no estamos ante el trauma como la interpretación que el sujeto da a lo vivido, la historización, sino como lo que fue escuchado antes de que tuviese un sentido. El significante que vino al lugar de ese excedente de sexualidad que más tarde va a envolverse de sentido pero que, a priori, no lo tuvo. “Podemos hablar del trauma como un significante enigmático”.
El trauma como el encuentro del sujeto con un goce que lo excede para el que no tiene palabras que quedará enganchado a un significante sin sentido. Por lo tanto, el trauma sería el agujero ante el cual el sujeto queda desamparado y del que se defiende, en un segundo tiempo construyendo una historia, un relato, con las coordenadas de su fantasma, para dar sentido a ese exceso, para taponar el agujero.
¿Qué ocurre cuando ese encuentro se da en un contexto de abuso?
Ante el primer encuentro con la satisfacción sexual excesiva, con el goce desenfrenado, ausente de sentido, uno da sentido a posteriori. Es una primera vez que puede leerse como un ataque. Freud habla del encuentro con ese primer goce, que es estructural, y que se da de forma precoz.
Pues bien, cuando el primer encuentro sexual se da en el contexto de un abuso, hay un doble ataque. Ese goce excesivo estructural, esa realidad difícilmente asimilable, se da en un sujeto que queda sin una ficción en la que sostenerse. ¿Cómo hablar de consentimiento?
Se encuentra el exceso estructural del goce y, a la vez, un ataque en el cual queda como objeto de la satisfacción del otro. El espacio para pensar, elegir, decidir se ve muy reducido, enfrentarse a ese goce del otro, en un primer encuentro con el goce propio, hace difícil poder bordear ese real. Algo de la posibilidad de la fantasía se rompe, haciendo difícil construir un marco simbólico, ya de por sí difícil de construir alrededor de la sexualidad.
Jacques Alain Miller, en “una introducción a la lectura del seminario VI”, indica: “ este punto de pánico del sujeto (...) es como si se borrara: es el punto donde ya no puede decir nada de sí mismo, donde es reducido al silencio”. El sujeto se desvanece en el lugar de objeto de goce del otro. Si el Otro está en el lugar de gozar del sujeto, evoca un sentimiento de angustia fundamental, el Hilflosigkeit de Freud, un estado de desamparo donde el sujeto se borra.
Lacan dice que para que haya sujeto hablante, ha de haber una relación con el deseo. ¿Qué lugar para el deseo en un abuso sexual donde lo que hay es solo goce, sin palabras? “Il y a éviction du langage. C’est précisément le rapport à la parole que l’attentat sexuel vient pulvériser. Le mot attentat est bien trouvé car il y a un temps d’explosion, de destruction subjective”, escribe Solenne Albert1. Ya no se trata del malentendido inherente al ser hablante o de los embrollos del deseo del no hay relación sexual. Nos encontramos ante la definición misma de trauma, para lo que no hay palabra donde el sujeto queda sin recursos.
Esto explica el silencio ante un ataque sexual en la infancia y porqué no se puede hablar de consentimiento ante el acto de someterse, de ceder. Que uno ceda no significa que uno consienta. “Sait-on exactement à quoi on consent lorsqu’on consent par amour à se faire l’objet du désir d’un autre?”, se pregunta C. Leguil2”. Ceder no es consentir. En el ceder el sujeto se desvanece ante el goce del otro y el goce propio quedando borrado. Algo del cuerpo cede dejando al sujeto sin posibilidad de consentir.
Ante un ataque sexual, ese a posteriori de sentido es complicado de construir. Yohann Allouche en su escrito “absolu de l’inceste3” da algunas coordenadas de este silencio, “le saccage sans répit de la dignité du sujet peut l’amener à croire qu’il ne vaut rien et que tel est son destin. La honte peut entraver la parole. La peur – de mourir ou de faire mourir le parent – peut conduire à ne dire mot. À quel moment un sujet décide-t-il de se séparer de cette jouissance?”. Someterse a un abuso no quiere decir consentir cuando para el sujeto no existe la posibilidad de imaginar un mundo diferente del que conoce, la vergüenza y el miedo obstaculizan el habla, el miedo a que su mundo, por caótico que sea, se derrumbe.
La inhibición y la ansiedad son algunos de los efectos de la ruptura del goce a la que el abuso sexual expone a un sujeto. La experiencia traumática retorna de diferentes formas cuando el sujeto se encuentra ante alguna situación que pudiera acercarle a esta experiencia de goce.
Un análisis sirve para ubicar algo de ese exceso de goce propio de cada sujeto, y de ese significante primero que vino a fijarse a ese goce. Sirve para poder dejar caer el sentido como “página de vergüenza que se olvida o que se anula, o página de gloria que obliga4” e inventar alguna cosa nueva con ese goce que nunca cesará de no escribirse con ese S1 del primer encuentro. Para permitir al sujeto inventar una solución a ese imposible de decir que se le vuelve demasiado ruidoso.
Para leer más, y mejor sobre este tema: https://www.attentatsexuel.com/
1 Albert, S. "Le point panique du sujet" – À propos du livre "Les choses humaines" de Karine Tuil. attentatsexuel.com/le-point-panique-du-sujet-a-propos-du-livre-les-choses-humaines-de-karine-tuil/
2 Leguil C., "Ambiguïté du consentement, puissance de l’écrit", Lacan Quotidien, n°863, 8 janvier 2020. https://lacanquotidien.fr/blog/2020/01/lacan-quotidien-n-863/
3 https://www.attentatsexuel.com/absolu-de-linceste/#:~:text=Le%20saccage%20sans%20r%C3%A9pit%20de,conduire%20%C3%A0%20ne%20dire%20mot.
4 J. Lacan, “Escritos 1”

