sábado, 6 de agosto de 2016

Somos causa de lo que nos pasa.

¿Cómo lees lo que sucede? Es fácil caer en la trampa de poner el punto de fijeza fuera. La vida es dura, el otro es tal o cual, siempre me pasan estas cosas, tengo mala suerte. Quejas que explican lo que pasa como un cuento, borrándose uno de lo que cuenta “soy rebelde porque el mundo me ha hecho así” cantaba Jeanette. Como si fuese imposible moverse de ese lugar, colocándose como objeto del otro, sin posibilidad de movimiento, ¿qué esconde este funcionamiento?, ¿por qué colocarse en posición de objeto sin responsabilidad?.

La mirada y la posición cambia cuando en lugar de fijar hacia fuera, uno mira hacia dentro y se hace cargo. Lo difícil es hacerse sujeto responsable, responsable porque se responde por aquello que pasa, siendo consecuente. En lugar de decir tal o cual persona me recuerda a tal o cual otro por algo que ha hecho o dicho (lo que, en la mayoría de las ocasiones es tomar el todo por la parte) lo consecuente es preguntarse que significa eso para uno. ¿Por qué esa chica me enfada tanto cuando hace eso? ¿Cómo estás interpretando tú, como sujeto único con una historia y una estructura mental, eso que esa chica hace?.

Seguramente lo que hace no tenga nada que ver contigo, pero vas a creer que sí porque cada uno es el uno de su historia. Y, probablemente, esa queja dirigida a esa persona ahora, tenga más que ver con una queja que no pudo ser dicha antes. Lo que en un análisis descubres. El malestar actual tiene mucho que ver con un fantasma que se alimenta de vivencias actuales, envolviéndolas con el mismo velo significante de aquello que pasó y no fue dicho, “lo que no cesa de no inscribirse”. Y esto tiene más que ver con Uno que con el Otro.

Hacerse cargo de su síntoma, de su sí mismo. Darse cuenta, estar concernido respecto su padecimiento y no apuntar hacia el otro, el mundo y demás. Puede resultar pesado, o quizás más leve porque si puedes responder, es cierto que tienes más que ver con lo que te pasa, igual de cierto que entonces podrás hacer alguna cosa más allá del sufrimiento.

Detrás de los reproches a otras personas dirigidos, suelen esconderse autorreproches. Ser consecuente con esto lleva tiempo, un tiempo subjetivo para cada uno, porque no es fácil. Y hay que tener cuidado ya que el Superyó está al acecho y fácilmente podría hacer de esto un mandato que aplastase el deseo “¡gozad malditos!” (me gustaba mucho el ejemplo de la dieta: “cuando el Yo hace dieta, el Superyó engorda”, a esto me refiero con la advertencia a no perder de vista). Traducir esto a culpa y lástima por uno mismo sería una forma de alimentar a ese Superyó. Tratar de hacerse cargo sería una forma que el sujeto de deseo podría sostener, si está en ese tiempo.

¿Buscamos un punto medio? No, no es tan fácil, algún día escribiré una entrada sobre la mentira de Aristóteles. Más que la homeostasis, la idea es hacerse cargo de su queja y de como explica su propia historia. En palabras del psicoanalista E. Berenguer, “allí donde él se queja de un destino injusto, lo que hay son las consecuencias de sus propias elecciones”.



No hay comentarios:

Publicar un comentario