lunes, 25 de marzo de 2019

Un trabajo de duelo: Primera Parte, ¿el mundo vacío y triste o uno vacío y triste?


El significante duelo, según su etimología, hace referencia a dos significados. Por un lado “dolus”, nos habla de dolor y por otro, “duellum”, nos habla de un combate, un desafío.

El trabajo de duelo, como lo llamó Freud, es un proceso que supone una elaboración intrapsíquica dolorosa, necesaria para recuperar el bienestar en el sujeto que ha sufrido una pérdida.

Durante el duelo se desencadenan respuestas de tipo emocional y conductual que requerirán de una elaboración de la falta tanto en uno mismo, que tendrá que ver con saber lo que se ha perdido a través de la falta, como fuera de uno. Es un proceso que se prolongará en el tiempo en el cual se tendrá que aceptar la pérdida en lugar de negarla. Para ello habrá que aceptar la realidad de la pérdida, sentir el dolor y adaptarse al nuevo ambiente con la falta que ha devenido. La construcción simbólica alrededor del objeto perdido habrá de ser reconstruida, aceptando la falta.

El hueco en lo real hace surgir el afecto que no está en lo simbólico ni en la imagen. Habrá que reconstruir un nuevo borde para ese agujero. Un relato que bordee la falta. Un velo que vele ese real.

La persona en duelo presentará síntomas de inhibición que no permiten que haya espacio para otro propósito que no sea el trabajo de duelo: pérdida de interés por el mundo exterior (todo lo que no recuerde a lo perdido), pérdida en la capacidad de escoger un nuevo objeto de amor o negación de cualquier cosa que no tenga relación con la memoria de la pérdida.

Lo nuevo siempre será distinto ya que el proceso de duelo implica una aceptación de la irreversibilidad de la pérdida.

Se pone en marcha un proceso de dolor y reestructuración en el cual alguien deja de ser algo para uno, se pierde, falta y hace falta. Se pierde el otro, pero también se pierde lo que uno era para el otro. No solo hay que tratar la cuestión de lo que se pierde sino también de qué pierde uno en esa pérdida.

Podríamos dividir el trabajo de duelo en tres fases, como tres tiempos lógicos:

·         La fase de evitación donde se incluye el shock inicial con la negación de la pérdida. Podemos llamar a esto el instante de ver.

·         Un segundo tiempo en el que aparece la confrontación donde hay afectos más intensos como la rabia, la culpa, la fantasía de una vuelta atrás o un cierto goce al recordar el dolor, que pueden ser desbordantes. Síntomas de tristeza, angustia o incluso visiones de la presencia de la persona perdida lo que podemos pensar como una manera de retener el objeto y apartar la pérdida. La pérdida llena al sujeto que trata de situarse en una realidad sin el objeto perdido. Esto podría pensarse como el tiempo para comprender.

·         En una tercera fase se constituiría un restablecimiento donde la pérdida dejaría de ocuparlo todo. Aparecería un cierto desapego y un recuerdo con menos afecto. Aquí podemos hablar del momento de concluir.

En todo este proceso el sujeto pasa por diferentes afectos, ideas, pensamientos, construcciones y reconstrucciones y necesita pensar, elaborar, recordar y sentir. Este es el trabajo de duelo.