El significante
duelo, según su etimología, hace referencia a dos significados. Por un lado
“dolus”, nos habla de dolor y por otro, “duellum”, nos habla de un combate, un
desafío.
El trabajo de
duelo, como lo llamó Freud, es un proceso que supone una elaboración
intrapsíquica dolorosa, necesaria para recuperar el bienestar en el sujeto que
ha sufrido una pérdida.
Durante el
duelo se desencadenan respuestas de tipo emocional y conductual que requerirán
de una elaboración de la falta tanto en uno mismo, que tendrá que ver con saber
lo que se ha perdido a través de la falta, como fuera de uno. Es un proceso que se prolongará en el tiempo en el cual se tendrá que aceptar la pérdida en
lugar de negarla. Para ello habrá que
aceptar la realidad de la pérdida, sentir el dolor y adaptarse al nuevo
ambiente con la falta que ha devenido. La construcción simbólica alrededor del
objeto perdido habrá de ser reconstruida, aceptando la falta.
El hueco en lo
real hace surgir el afecto que no está en lo simbólico ni en la imagen. Habrá
que reconstruir un nuevo borde para ese agujero. Un relato que bordee la falta.
Un velo que vele ese real.
La persona en
duelo presentará síntomas de inhibición que no permiten que haya espacio para
otro propósito que no sea el trabajo de duelo: pérdida de interés por el mundo
exterior (todo lo que no recuerde a lo perdido), pérdida en la capacidad de escoger
un nuevo objeto de amor o negación de cualquier cosa que no tenga relación con
la memoria de la pérdida.
Lo nuevo
siempre será distinto ya que el proceso de duelo implica una aceptación de la
irreversibilidad de la pérdida.
Se pone en
marcha un proceso de dolor y reestructuración en el cual alguien deja de ser algo
para uno, se pierde, falta y hace falta. Se pierde el otro, pero también se
pierde lo que uno era para el otro. No solo hay que tratar la cuestión de lo
que se pierde sino también de qué pierde uno en esa pérdida.
Podríamos
dividir el trabajo de duelo en tres fases, como tres tiempos lógicos:
·
La fase de evitación donde se incluye el shock
inicial con la negación de la pérdida. Podemos llamar a esto el instante de
ver.
·
Un segundo tiempo en el que aparece la
confrontación donde hay afectos más intensos como la rabia, la culpa, la
fantasía de una vuelta atrás o un cierto goce al recordar el dolor, que pueden
ser desbordantes. Síntomas de tristeza, angustia o incluso visiones de la
presencia de la persona perdida lo que podemos pensar como una manera de retener
el objeto y apartar la pérdida. La pérdida llena al sujeto que trata de
situarse en una realidad sin el objeto perdido. Esto podría pensarse como el
tiempo para comprender.
·
En una tercera fase se constituiría un
restablecimiento donde la pérdida dejaría de ocuparlo todo. Aparecería un
cierto desapego y un recuerdo con menos afecto. Aquí podemos hablar del momento
de concluir.
En todo este proceso el sujeto pasa por diferentes afectos, ideas,
pensamientos, construcciones y reconstrucciones y necesita pensar, elaborar,
recordar y sentir. Este es el trabajo de duelo.