Los malos entendidos del lenguaje. Me resulta complicado explicar esto porque no se me ocurre ningún bien entendido. Supongo que es eso a lo que Lacan llama “el bien decir”, pero aún no he llegado a esa parte.
Intentamos convivir con Otros. Más bien estamos condenados a vivir con Otros ya que somos sujetos sociales. Desde que nacemos tenemos que Pedir por nuestra supervivencia, el trauma del nacimiento tiene relación con la necesidad de pedir, antes eso no existía, pero esta es otra historia. Para Pedir necesitamos un código, algo que el otro pueda recibir para poder dar. Y aquí entra el lío, el embrollo.
Porque eso del Emisor, Mensaje, Código y Receptor es una mentira. Primero, el emisor, llamémosle Uno, tiene algo que pedir (piénsenlo, cualquier tipo de palabra hacia el otro se articula a través de una petición, siempre estamos pidiendo). Pues eso, Uno desea algo, este deseo está movido por una pulsión (que no necesidad, sería todo tan sencillo si nos fuera suficiente con la necesidad). Esta pulsión que mueve a Uno a pedir está relacionada con un Otro (en general quien hizo de función materna, el lenguaje que nos habla, que viene de fuera, que explica porqué llora el bebé) y tiene que ver con el deseo del Otro.
El ejemplo del bebé explica esto muy bien. Un bebé llega al mundo real sin tener ni idea de que está pasando. Llora, porque necesita algo. La mamá le pone un significante a ese algo “tiene hambre”. Hambre es el significante. El significado relacionado con Hambre es indecible. Para cada uno resonará de manera diferente. Si mamá le da de comer al instante o espera, si le da el pecho o el biberón, si es papá el que atiende al bebé… da igual. Esto no puede saberse a priori. Lo que si sabemos es que el significante Hambre irá ligado al deseo del Otro y hará resonar algo distinto en cada uno.
Lo que creemos decir viene de fuera. Y si esto no es suficiente para complicar las cosas, vamos a pensar ahora en el mensaje y en el código. Uno dice a Otro algo. Y esperamos que ese otro entienda lo que dice cuando ni siquiera uno sabe muy bien que dice. Cuando a veces cuesta poner en orden lo que quieres decir y cómo quieres decirlo.
Toda comunicación es un malentendido. Siguiendo a M. Asensi, una necesidad que pide, que se ve obligada a pasar por el código. Uno pide algo que el cuerpo necesita, que el sujeto desea, mediado por el deseo del otro y está obligado a pasar por un código que viene de fuera y que, además, no será entendido. Cuando la necesidad se encuentra con el código, éste no es capaz de absorber toda la necesidad, hay algo que queda fuera, que no puede ser dicho, que cae. Eso que cae se relaciona con el inconsciente y, sobre todo, con la angustia. Para ser sujeto hay que desear el deseo del otro, para así ser reconocido, mediante el lenguaje. Pero, como hemos dicho, este lenguaje no es capaz de decir todo, este lenguaje divide al sujeto y produce una In-conciencia de sí. Y claro, esto genera malentendidos y mucha angustia. (continuará…).