martes, 15 de septiembre de 2015

Pinceladas sobre la frustración y el fracaso: pánico que paraliza el deseo.

La mayoría de mis reflexiones sobre la infancia están ligadas a infancias desprotegidas. Por deformación profesional, experiencia vital o vete tu a saber qué tiendo a centrarme más en niños que se sienten abandonados o poco protegidos y padres que no acaban de conseguir acompañar y sostener a estos niños. Hoy quiero escribir sobre otro tipo de problema pero antes tengo que advertir algo para que no me malinterpreten. Algo obvio. De sentido común. Cualquier extremo será malo. Fin de la cita. Y digo esto porque voy a hablar de la necesidad de que el niño aprenda a frustrarse y a fracasar y ya me veo a padres diciendo que no a todo y poniendo la etiqueta de "pequeño emperador"... y no va de eso.

En la primera etapa de la vida, el bebé cree ser omnipotente. Su cerebro va desarrollándose y entiende con el tiempo que mama y él son cuerpos diferentes, que si mueve la mano o el pie modifica su entorno, que su cuerpo es parte de si mismo y el de la mama es parte del Otro... durante esta etapa es necesario que el niño crea que todo depende de él y que todo gira en torno a él. Es la forma en la que, cuando empieza a madurar, podrá explorar sin miedo. Podrá sentir curiosidad y alejarse a investigar sabiendo que al volver papa y mama seguirán ahí. Sabiendo, con la certeza absoluta que tienen los niños pequeños, que papa y mama lo protegerán si algo sucede. Esto es lo ideal, evidentemente no siempre pasa así y generalmente escribo sobre niños a los que se les ha privado de esta fase omnipotente. Pero demos un paso más.

Cuando el niño siente curiosidad y ya no es uno con la madre (ya saben, cuando digo madre quiero decir función materna) entiende que, a veces, no podrá obtener lo que desea. Esto es un aprendizaje jodido pero completamente necesario. El niño tiene que entender que la frustración forma parte de la vida y, lo más importante, que es capaz de soportarla. Y esto es algo que los padres tienen que ayudar a comprender. Porque es dificilísimo! Muchos adultos no lo entienden ni lo aceptan (y así hay tantos eternos adolescentes muertos de miedo por crecer y enfrentarse al fracaso y a la frustración).

¿Qué pasa cuando un niño no entiende y acepta que la frustración y el fracaso forman parte de la vida? ¿Qué pasa cuando un niño tiene tanto miedo a fracasar que cree que no podrá soportarlo? Estos niños crecen sin desear. Crecen sin ser capaces de imaginar. ¿Saben lo terrible que es desear algo? Desear despierta la incertidumbre. Desear viene acompañado de la posibilidad de no obtener lo que deseo. Cuando los adultos de tu infancia, los que tenían que haberte orientado para que esos miedos los elaboraras y los neutralizaras, no lo hacen sino que, en su lugar, protegen al niño de esos miedos y resuelven la frustración por ellos, no permiten que el niño haga esa elaboración por si mismo. No le permiten al niño creer que es capaz de soportar solito la frustración y el niño queda atrapado en un eterno pánico al fracaso.

Son niños que aprenden a definirse a si mismos por un rasgo externo. Por un falso yo muy débil que, en apariencia, parecería adaptativo (buenas notas, buenos resultados deportivos) pero que en su interior siguen siendo bebés omnipotentes con pánico a explorar el mundo.

Así que en algún momento habría que hacerse la pregunta ¿mi hijo tiene miedo a fracasar? ¿mi hijo siente que es capaz de soportar la frustración? o, quizás, ¿mi hijo ha dejado de pensar porque el miedo a equivocarse y a la incertidumbre lo paraliza?  Y, en este caso, ¿estoy preparado para dejarle caer? ¿confío en que tiene la capacidad de entender que no pasa nada si fracasa? ¿cómo se explica para si mismo qué significa equivocarse? y, la pregunta que, desde mi punto de vista, es más importante ¿mi hijo puede desear de dentro a fuera o solo es un espejo de lo que cree que esperan de él?

Cuanto antes se enfrenten a estar preguntas antes podrán tratar de resolver el problema que, con sus propios miedos, han trasmitido a sus hijos... y antes podrán ayudarles a encontrar su verdadero Yo y no solo un False self adaptativo... pero incapaz de desear.